En el Día Internacional Contra los Monocultivos de Arboles, nos manifestamos con una feria de educación ambiental en el Paseo Bulnes. Además de defender el bosque nativo y denunciar los nefastos impactos de las plantaciones forestales, aprovechamos la oportunidad para informar al público sobre los proyectos de investigación sobre árboles transgénicos que se están desarrollando en Chile.
En la pasada década, siguiendo el mismo modelo de secreto de los cultivos de semillas de exportación, se han desarrollado investigaciones para contar con al menos dos árboles transgénicos de interés para la industria forestal: eucaliptos y pinos, dos especies exóticas. Se trata de eucaliptos con propiedades insecticidas, tolerantes a ataques de hongos defoliantes, proyecto desarrollado entre 2002 y 2005 por la Universidad de la Frontera con apoyo de Innova Chile, y eucaliptos con tolerancia al frío, proyecto desarrollado por la Universidad de Concepción y la Universidad Andrés Bello ( 2004/2007) para Celulosa Arauco.
Al pino radiata se le ha insertado resistencia a herbicidas usando la técnica de clonación (embriogénesis somática), proyecto desarrollado entre 2002/2005 por Genfor S.A, sociedad conformada por Fundación Chile y Sylvagen de Canadá con financiamiento de CORFO.
Otros proyectos más desconocidos, se relacionan con la obtención de especies nativas: lenga y raulí transgénicos. (Fuente: “La Biotecnología Vegetal en Chile. Base de datos. Unión Europea/Gobierno de Chile Conycit 2007). En Chile no existe ningún tipo de regulación respecto de experimentación y liberación de árboles transgénicos y se desconocen los lugares donde se desarrollan estos experimentos, que requieren años para poder hacer una estimación de sus resultados. En teoría, no podrían plantarse comercialmente, pero dada la falta de información oficial y el desconocimiento de las medidas de bioseguridad o fiscalización implementadas, todo puede suceder.
Algunos Impactos ambientales de monocultivos de árboles transgénicos:
- Habrá mayor destrucción de la biodiversidad con árboles modificados para ser resistentes a insectos y no tener flores, frutos ni semillas.
- Se destruirá aún más el suelo por el aumento del uso de herbicidas e insecticidas tolerados por estos árboles convertidos en insecticidas en sí mismos y se hará más aguda la escasez de agua pues la clonación de árboles permitirá multiplicar aún más las plantaciones forestales.
- Habrá riesgos de contaminación genética de los árboles transgénicos con sus parientes silvestres. Si se clonan árboles nativos, la supervivencia de los verdaderos árboles nativos estará en peligro.
- Super insectos y super malezas se generarán como respuesta a las nuevas propiedades de los árboles transgénicos, que posibilitan un uso intensivo de plaguicidas.
Más información en “Árboles genéticamente modificados.” Chris Lang, Chris (2004).
Junto a muchas organizaciones sociales y ambientales, hoy en la Feria de Educación Ambiental que realizamos en el Paseo Bulnes ¡EXIGIMOS MORATORIA A LA INTRODUCCION DE TRANSGENICOS Y DEFENDEMOS LA SEMILLA Y LOS BOSQUES NATIVOS!
Tocará temas de actualidad en áreas referidas a pueblo mapuche, medio ambiente, terapias de sanación, derechos humanos y otros.
miércoles, septiembre 21, 2011
sábado, septiembre 17, 2011
jueves, septiembre 15, 2011
Apicultores chilenos: “No a la coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales”
Karl Bablok, el apicultor alemán cuya miel se contaminó con polen transgénico de maíz Mon 810 de Monsanto
Comunicado de Prensa
Red de Acción en Plaguicidas Chile
Santiago, 16 de septiembre
El viernes 9 de septiembre representantes de los apicultores chilenos sostuvieron una reunión con el Ministro de Agricultura José Galilea en la que expusieron la grave situación que les afecta al no poder protegerse de la contaminación de la miel por polen transgénico. Marcelo Rodríguez Fernández, presidente de la Red Nacional Apícola explicó a RAP-Chile que su organización sostuvo ante el gobierno y ante sus pares, que es imposible la coexistencia entre cultivos convencionales y cultivos transgénicos, como está demostrado ya tanto en Chile como en Alemania y otros países, donde la contaminación por OGMs es una realidad que encarece los costos de producción, cierra mercados y arruina a los productores.
“Nosotros estamos en contra de que haya cultivos transgénicos, y exigimos saber la ubicación exacta de los semilleros de exportación que ya existen, porque hoy no tenemos cómo protegernos y nadie paga por el daño que pueden habernos causado”, sostuvo el dirigente gremial, cuya organización se acaba de integrar a la campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile. La reunión con el ministro para plantear su preocupación por los transgénicos la habían solicitado cuatro meses atrás, pero sólo se produjo a raíz de la decisión de la Corte Europea que estableció “tolerancia cero” para el maíz contaminado con polen transgénico, ya sea producido en la Unión Europea o importado. Ello ya está afectando las exportaciones chilenas. En la reunión con el ministro participaron también directivos de SAG, ODEPA e INDAP, así como miembros de FEDEMIEL y los exportadores.
La Red Nacional Apícola es miembro de la Federación Ibero Latinoamericana de Apicultura, cuyo secretario es el chileno Misael Cuevas, un dirigente histórico de los apicultores. La próxima semana participarán en APIMONDIA, un congreso mundial sobre la miel que se realizará en Argentina, el mayor exportador de miel del mundo, en el cual el tema de la transgenia estará también al orden del día, como también los impactos negativos de los plaguicidas altamente peligrosos y la asociación entre su uso y el fenómeno del colapso de las colmenas (la muerte masiva de abejas) que se registra en el mundo. Allí conocerán de primera mano las experiencias en otros países y la Red Nacional Apicola expondrá su posición decididamente contraria a los cultivos transgénicos.
En Alemania, el fallo que declaró cero tolerancia a los transgénicos se logró gracias a la organización de sus apicultores. El demandante, sr. Karl Babok es miembro de la asociación alemana de apicultores “Mellifera e.V.” (www.mellifera.de) que fundó la “Alianza Alemana para la Protección de las Abejas contra los Transgénicos en la agricultura”. Esta es la base del apoyo a los apicultores litigantes, que ahora continuarán su demanda para exigir una compensación por el daño, es decir por no poder vender su producción. Las organizaciones de base de estos apicultores alemanes son miembros de la Alianza y también lo son varias asociaciones de la industria alimentaria alemana.
En Chile, los apicultores comienzan a recorrer un camino similar, para actuar organizadamente en defensa de su producción, que no sólo es apreciada en el exterior sino también por los consumidores chilenos.
Comunicado de Prensa
Red de Acción en Plaguicidas Chile
Santiago, 16 de septiembre
El viernes 9 de septiembre representantes de los apicultores chilenos sostuvieron una reunión con el Ministro de Agricultura José Galilea en la que expusieron la grave situación que les afecta al no poder protegerse de la contaminación de la miel por polen transgénico. Marcelo Rodríguez Fernández, presidente de la Red Nacional Apícola explicó a RAP-Chile que su organización sostuvo ante el gobierno y ante sus pares, que es imposible la coexistencia entre cultivos convencionales y cultivos transgénicos, como está demostrado ya tanto en Chile como en Alemania y otros países, donde la contaminación por OGMs es una realidad que encarece los costos de producción, cierra mercados y arruina a los productores.
“Nosotros estamos en contra de que haya cultivos transgénicos, y exigimos saber la ubicación exacta de los semilleros de exportación que ya existen, porque hoy no tenemos cómo protegernos y nadie paga por el daño que pueden habernos causado”, sostuvo el dirigente gremial, cuya organización se acaba de integrar a la campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile. La reunión con el ministro para plantear su preocupación por los transgénicos la habían solicitado cuatro meses atrás, pero sólo se produjo a raíz de la decisión de la Corte Europea que estableció “tolerancia cero” para el maíz contaminado con polen transgénico, ya sea producido en la Unión Europea o importado. Ello ya está afectando las exportaciones chilenas. En la reunión con el ministro participaron también directivos de SAG, ODEPA e INDAP, así como miembros de FEDEMIEL y los exportadores.
La Red Nacional Apícola es miembro de la Federación Ibero Latinoamericana de Apicultura, cuyo secretario es el chileno Misael Cuevas, un dirigente histórico de los apicultores. La próxima semana participarán en APIMONDIA, un congreso mundial sobre la miel que se realizará en Argentina, el mayor exportador de miel del mundo, en el cual el tema de la transgenia estará también al orden del día, como también los impactos negativos de los plaguicidas altamente peligrosos y la asociación entre su uso y el fenómeno del colapso de las colmenas (la muerte masiva de abejas) que se registra en el mundo. Allí conocerán de primera mano las experiencias en otros países y la Red Nacional Apicola expondrá su posición decididamente contraria a los cultivos transgénicos.
En Alemania, el fallo que declaró cero tolerancia a los transgénicos se logró gracias a la organización de sus apicultores. El demandante, sr. Karl Babok es miembro de la asociación alemana de apicultores “Mellifera e.V.” (www.mellifera.de) que fundó la “Alianza Alemana para la Protección de las Abejas contra los Transgénicos en la agricultura”. Esta es la base del apoyo a los apicultores litigantes, que ahora continuarán su demanda para exigir una compensación por el daño, es decir por no poder vender su producción. Las organizaciones de base de estos apicultores alemanes son miembros de la Alianza y también lo son varias asociaciones de la industria alimentaria alemana.
En Chile, los apicultores comienzan a recorrer un camino similar, para actuar organizadamente en defensa de su producción, que no sólo es apreciada en el exterior sino también por los consumidores chilenos.
martes, septiembre 13, 2011
"Helmut Frenz nos deja su compromiso con los perseguidos ": Comisión Etica Contra la Tortura
Helmut Frenz junto a Francoise Visée, integrando la Delegación Internacional que participó en la campaña Tortura Nunca Más el año 2003, a 30 años del golpe militar.
Comunicado de prensa de la Comisión Etica Contra la Tortura ante el fallecimiento del obispo Helmut Frenz
Ha fallecido en Alemania Helmut Frenz, pastor y obispo luterano que desde los años de la dictadura pinochetista hasta el fin de sus días, tomó siempre partido por los perseguidos y por los que sufren. Su vida es un ejemplo de consecuencia y testimonio cristiano. El fue una de las personalidades fundadoras de La Comisión Etica Contra la Tortura, junto a destacados personeros del mundo religioso y de sectores intelectuales y de derechos humanos. Al cumplirse en 2003 los 30 años del golpe militar, retornó a Chile respondiendo generosamente al llamado de la Comisión Etica, formando parte de una delegación internacional de personalidades de derechos humanos que se sumó a la demanda que veníamos desarrollando por el reconocimiento de la tortura y la prisión política. El obispo Helmut Frenz encabezó esa delegación, cuyo aporte fue determinante para lograr que el gobierno del ex presidente Ricardo Lagos anunciara la formación de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura. En ese entonces opinaba proféticamente: “Me temo que el próximo gobierno será de la UDI. Estamos viviendo momentos cruciales. Han entrado a la discusión sobre una solución para el conflicto de los derechos humanos. Pero no se puede poner punto final a la historia. La historia es como un río, se construye una represa pero no es el final. Después las aguas van a seguir…
Hay que escuchar la verdad en las voces de las víctimas y no en el Parlamento. La justicia se basa en leyes. Se habla de justicia con clemencia. ¿Qué es eso? Justicia con generosidad, tampoco. ¡Cuidado con ponerle adjetivos a la palabra justicia! Siempre va a limitarla. Comprendo que las víctimas del terrorismo de Estado digan ‘no estamos en venta’. Por cierto, también es necesario dar una reparación material. Pero es un solo paso, y se necesitan muchos pasos. La justicia actual está basada en leyes promulgadas por la dictadura. Deben terminar estas leyes de impunidad. Por eso suscribo las exigencias y demandas de la Comisión Etica Contra la Tortura. Y apoyo la instalación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación integral”.
Se instalaba así en la agenda pública el tema de la tortura, silenciado hasta entonces por los pactos de la llamada transición democrática.
En 2007 el pastor presidió la comisión que calificó nuevas víctimas para el fondo de ayuda establecido por la Fundación Salvador Allende. Esa comisión fue creada ante las omisiones de los informes oficiales emitidos hasta esa fecha.
Nos sentimos profundamente conmovidos por la partida de Helmut Frenz y compartimos los sentimientos de pesar de su familia, expresando al mismo tiempo el dolor de esta inmensa familia de chilenos y chilenas que sufrieron el terrorismo de Estado y fueron apoyados por él en diferentes tiempos y circunstancias. El credo de Helmuth Frenz era en el “Dios protector, salvador y liberador “ -como señaló él mismo en una oportunidad- y ese credo orientó todo su quehacer. Conocida es su valiente labor en el Comité Pro Paz junto al cardenal Raúl Silva Henríquez, que le significara la expulsión del país por decisión del dictador Augusto Pinochet en octubre de 1975. Menos atención ha recibido su participación como testigo en diversas causas de derechos humanos en las que relató una audiencia sostenida por él y Monseñor Fernando Ariztía con Pinochet, demandando información sobre el paradero de desaparecidos. En tribunales repitió la respuesta que escuchó de Pinochet al ser interrogado por ellos sobre la tortura: “Los comunistas más peligrosos son los miembros del MIR. Deben ser torturados porque de otro modo no cantan. La tortura es necesaria para erradicar el comunismo de raíz.” El relata este episodio en su autobiografía “Mi Vida Chilena” (LOM 2006).
En los últimos años solidarizó también activamente con los presos políticos mapuche y se unió a la campaña por lograr el fin del destierro de chilenos que sufren pena de extrañamiento. Ninguna causa humana le fue indiferente. Desde 2007 el Estado lo declaró oficialmente chileno, pero para todos los perseguidos él ocupa desde mucho antes un lugar privilegiado en la memoria y el corazón de nuestro pueblo.
La Comisión Etica Contra la Tortura recoge su legado comprometiéndose a continuar su lucha por la erradicación de la tortura, contra la impunidad, contra el terrorismo de Estado y la criminalización de la lucha social.
Santiago, 13 de septiembre de 2011
Comunicado de prensa de la Comisión Etica Contra la Tortura ante el fallecimiento del obispo Helmut Frenz
Ha fallecido en Alemania Helmut Frenz, pastor y obispo luterano que desde los años de la dictadura pinochetista hasta el fin de sus días, tomó siempre partido por los perseguidos y por los que sufren. Su vida es un ejemplo de consecuencia y testimonio cristiano. El fue una de las personalidades fundadoras de La Comisión Etica Contra la Tortura, junto a destacados personeros del mundo religioso y de sectores intelectuales y de derechos humanos. Al cumplirse en 2003 los 30 años del golpe militar, retornó a Chile respondiendo generosamente al llamado de la Comisión Etica, formando parte de una delegación internacional de personalidades de derechos humanos que se sumó a la demanda que veníamos desarrollando por el reconocimiento de la tortura y la prisión política. El obispo Helmut Frenz encabezó esa delegación, cuyo aporte fue determinante para lograr que el gobierno del ex presidente Ricardo Lagos anunciara la formación de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura. En ese entonces opinaba proféticamente: “Me temo que el próximo gobierno será de la UDI. Estamos viviendo momentos cruciales. Han entrado a la discusión sobre una solución para el conflicto de los derechos humanos. Pero no se puede poner punto final a la historia. La historia es como un río, se construye una represa pero no es el final. Después las aguas van a seguir…
Hay que escuchar la verdad en las voces de las víctimas y no en el Parlamento. La justicia se basa en leyes. Se habla de justicia con clemencia. ¿Qué es eso? Justicia con generosidad, tampoco. ¡Cuidado con ponerle adjetivos a la palabra justicia! Siempre va a limitarla. Comprendo que las víctimas del terrorismo de Estado digan ‘no estamos en venta’. Por cierto, también es necesario dar una reparación material. Pero es un solo paso, y se necesitan muchos pasos. La justicia actual está basada en leyes promulgadas por la dictadura. Deben terminar estas leyes de impunidad. Por eso suscribo las exigencias y demandas de la Comisión Etica Contra la Tortura. Y apoyo la instalación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación integral”.
Se instalaba así en la agenda pública el tema de la tortura, silenciado hasta entonces por los pactos de la llamada transición democrática.
En 2007 el pastor presidió la comisión que calificó nuevas víctimas para el fondo de ayuda establecido por la Fundación Salvador Allende. Esa comisión fue creada ante las omisiones de los informes oficiales emitidos hasta esa fecha.
Nos sentimos profundamente conmovidos por la partida de Helmut Frenz y compartimos los sentimientos de pesar de su familia, expresando al mismo tiempo el dolor de esta inmensa familia de chilenos y chilenas que sufrieron el terrorismo de Estado y fueron apoyados por él en diferentes tiempos y circunstancias. El credo de Helmuth Frenz era en el “Dios protector, salvador y liberador “ -como señaló él mismo en una oportunidad- y ese credo orientó todo su quehacer. Conocida es su valiente labor en el Comité Pro Paz junto al cardenal Raúl Silva Henríquez, que le significara la expulsión del país por decisión del dictador Augusto Pinochet en octubre de 1975. Menos atención ha recibido su participación como testigo en diversas causas de derechos humanos en las que relató una audiencia sostenida por él y Monseñor Fernando Ariztía con Pinochet, demandando información sobre el paradero de desaparecidos. En tribunales repitió la respuesta que escuchó de Pinochet al ser interrogado por ellos sobre la tortura: “Los comunistas más peligrosos son los miembros del MIR. Deben ser torturados porque de otro modo no cantan. La tortura es necesaria para erradicar el comunismo de raíz.” El relata este episodio en su autobiografía “Mi Vida Chilena” (LOM 2006).
En los últimos años solidarizó también activamente con los presos políticos mapuche y se unió a la campaña por lograr el fin del destierro de chilenos que sufren pena de extrañamiento. Ninguna causa humana le fue indiferente. Desde 2007 el Estado lo declaró oficialmente chileno, pero para todos los perseguidos él ocupa desde mucho antes un lugar privilegiado en la memoria y el corazón de nuestro pueblo.
La Comisión Etica Contra la Tortura recoge su legado comprometiéndose a continuar su lucha por la erradicación de la tortura, contra la impunidad, contra el terrorismo de Estado y la criminalización de la lucha social.
Santiago, 13 de septiembre de 2011
“Soy del partido de los oprimidos y torturados” Helmut Frenz
Helmut en una manifestación en La Moneda, junto a la Comisión Etica Contra la Tortura.
entrevista de LUCIA SEPULVEDA RUIZ para revista Punto Final, Nº 547, año 2003.
El pastor luterano miró fijamente al presidente Lagos con su único ojo vidente -justamente el izquierdo- y le dijo que la memoria no aguanta un punto final ni un borrón y cuenta nueva y que él, como alemán, lo ha comprobado. Hay diferencias cuantitativas, agregó, entre lo que pasó en Chile y en Alemania, hace 53 años. Pero podemos comparar la forma de manejar nuestras herencias.
En La Moneda, Helmut Frenz se sentó entre una sobreviviente, Juana Aguilera, y la doctora que atiende a torturados, Paz Rojas.
EL pastor luterano Helmut Frenz y la trabajadora social belga Françoise Visée, destacados defensores de los derechos humanos del pueblo chileno.
En diagonal, se encontraban el ex embajador noruego Frode Nilsen y otro sobreviviente, Ricardo Froedden, dirigente de la Comisión Etica Contra la Tortura. Frenz y Nilsen vivieron los efectos del golpe militar en Chile socorriendo a muchos perseguidos.
El diplomático noruego recordó su trabajo en favor de los condenados a muerte y presos políticos a lo largo de once años, y afirmó que sus “clientes” de entonces, hoy retornados -a quienes visita todos los años- no están bien. El presidente respondió que incorporaría el tema de la tortura a las propuestas que dará a conocer y creará una comisión para acotar ese universo, tarea que encomendó al subsecretario del Interior, presente en la entrevista en el palacio de La Moneda.
El obispo luterano Helmut Frenz, co-fundador del Comité Pro Paz, retorna por segunda vez a Chile luego de su expulsión por la dictadura en 1975. Sus palabras, cargadas de verdad, han venido a romper un silencio de trece años sobre un crimen de la dictadura ignorado por el Informe Rettig y la Concertación.
Antes, Helmut Frenz había asistido a la asunción de Aylwin. Ahora integró, junto al ex embajador Frode Nilsen, el cantautor uruguayo Daniel Viglietti, la trabajadora social belga Françoise Visée, el director de teatro chileno-sueco Igor Cantillana y los argentinos Margarita Jarque y Félix Crous, una delegación de personalidades invitadas por la Comisión Etica Contra la Tortura para respaldar su demanda de crear una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación. Françoise Visée manifestó al presidente Lagos que para que haya real democracia en Chile, es necesario que todos los chilenos puedan retornar. Igor Cantillana comprometió el apoyo de los chilenos que están insertos en la sociedad europea, para conseguir recursos para la reparación integral.
El programa de la delegación incluyó diversos diálogos y un seminario con organizaciones sociales en Santiago y Valparaíso; entrevistas con Hortensia Bussi viuda de Allende, Isabel Allende y parlamentarios; un recorrido por el Parque por la Paz, y una velatón en la ex casa de torturas de José Domingo Cañas. Con la colocación de una placa recordatoria en la que fue sede del Comité Pro Paz y un acto de homenaje a la solidaridad internacional en el edificio Diego Portales, concluyó el nutrido programa desarrollado por los visitantes. Las canciones de Viglietti -cuya privilegiada voz no ha perdido fuerza- agregaron emoción y esperanza a los testimonios de los visitantes.
OBISPO LUCHADOR
Sencillo, delgado, de paso rápido y aspecto engañosamente frágil, Frenz tiene respuestas directas para todo. Pero confiesa no saber qué decir cuando una madre lo abraza en la calle, agradeciéndole haber salvado la vida de su hijo. Se mantuvo impertérrito -como toda la delegación- aguantando el telúrico saludo recibido en la calle Guardia Vieja, la antigua residencia del presidente Allende. El temblor grado 6 que -dicen- se sintió hasta en Buenos Aires, ocurrió segundos después que Isabel Allende, presidenta de la Cámara de Diputados, aludiera al remezón de emociones que estas visitas le generaban.
En el Parque por la Paz, luego de salir del lugar de tortura conocido como “La torre”, Helmut Frenz exclamó con voz ahogada: “No dejen de luchar, no dejen de luchar”. En el edificio Diego Portales su figura crecía al recordar que allí mismo oyó a Pinochet justificar la tortura. Visitó a los presos políticos y recibió el homenaje de la Comisión Chilena de DD.HH.
En Hamburgo, su lugar de residencia, rema todos los días en el lago. Y se preocupa de los refugiados. Es miembro del movimiento Cristianos por el Socialismo. Tiene nueve hijos (dos de ellos penquistas), nietos de los que habla con ternura, y dos matrimonios. Punto Final logró sustraerlo de la intensa actividad que se impuso en Chile, en la que también solidarizó con el pueblo mapuche.
¿Por qué dice que tiene un corazón chileno con pasaporte alemán?
“Mis lazos con Chile se construyeron en Concepción, en el campamento Lenin. (La dictadura rebautizó Población Diego Portales a esa toma de terrenos en el sector de Hualpencillo). El 8 de mayo del 70, un día de frío y lluvia, murieron dos niños y vi que había que hacer algo. Ese fue el punto de cambio de mi nacionalidad. Tuve que tomar una posición. Mi trabajo era partidista, porque tomó el partido de los que tuvieron que luchar hasta la elección de Allende. Yo nunca había leído siquiera el Manifiesto Comunista. Pero sí el Nuevo Testamento y el ejemplo del Buen Samaritano”.
En la entrevista que sostuvo la delegación internacional de personalidades de derechos humanos con los diputados Juan Bustos y María Antonieta Saa y el senador Viera-Gallo, Frenz partió afirmando: “Debo admitir que estando tan lejos me faltan herramientas de análisis de la situación actual. Debo confiar en mis ojos, y admitir que no soy miembro de un partido político pero sí del partido más grande, el partido de los pobres, de los oprimidos, los torturados y los que padecen las consecuencias de una situación injusta. En Chile me he encontrado con los miembros de mi partido. Admito que estoy informado unilateralmente”.
¿Sigue siendo un hombre de iglesia?
“Para mí es importante decirle que sí, porque normalmente el público no se da cuenta que yo, en primer lugar, soy un cristiano. Mis argumentos se basan en la Biblia. El cristiano no puede ser apolítico porque el Evangelio también es muy político. Por supuesto, no quiero ser considerado un politiquero. Mi base es otra”.
(Antes de develar la placa recordatoria del Comité Pro Paz, el pastor luterano leyó un texto del profeta Isaías, el himno del Siervo de Dios, y rememoró a los obispos que han tenido la valentía de vivir con los pobres, como lo hizo monseñor Oscar Romero, de El Salvador).
LIBERADO POR
EL EJERCITO ROJO
¿Fue su familia determinante en su formación?
“Yo nací en el este de Alemania, en una ciudad que hoy forma parte de Polonia. Mi padre era empleado público y mi madre dueña de casa. Ellos pertenecían al partido nazi. Durante la guerra vivíamos en Berlín. A los diez años yo perdí el ojo derecho en un bombardeo. Mi hermano mayor estudiaba en un colegio de élite cuyo director era el propio Adolfo Hitler. A los once años, en febrero del 45, yo iba a entrar al colegio Napola, de las élites fascistas de nivel medio. Por suerte en mayo entraron en Berlín las tropas soviéticas. El Ejército Rojo me liberó de un porvenir horrible. Sin embargo, mis padres siguieron pensando lo mismo, como la mayoría de los alemanes de su generación. Nunca pude discutir el pasado con ellos, siempre se negaron. Decían ‘en la familia, nada de pasado’. Todo eso tuvo mucha influencia en mi destino.
En la enseñanza secundaria mis profesores eran en su mayoría ex nazis. Pero había un profesor de historia que pasó tres años en un campo de concentración. Lo queríamos mucho. Cuando estudié teología en la Universidad de Bonn, mis profesores eran teólogos famosos de la Iglesia Confesante, ya que en tiempos de los nazis la iglesia se dividió en dos facciones, la iglesia de ultraderecha y la de Izquierda, que era la Confesante, que trabajaba en la clandestinidad. Escondía judíos y comunistas. Esa fue mi suerte”.
EN EL GHETTO ALEMAN
¿Por qué vino a Chile?
“Mi esposa y yo dejamos Alemania porque habíamos oído hablar de los problemas del Tercer Mundo. Escogimos Chile por nuestros cuatro niños, porque en Argentina, Brasil o Paraguay tendríamos que haber ido a parroquias rurales y no queríamos mandarlos a escuelas lejanas. Fui destinado a Concepción, a la Deutsche Evangelische Kirche. Mi antecesor había desempeñado el cargo 35 años y era miembro del partido fascista dentro de la colonia alemana. Recibí de él una herencia muy pesada.
Todo el culto se hacía en alemán. Sólo sabíamos latín y nada de castellano. Me di cuenta que había llegado a un lugar que no tenía nada de Tercer Mundo: era el ghetto alemán. Era muy chocante, en el centro estaban sus negocios... Una vez me tocó una ceremonia nupcial. El templo estaba repleto, hacía mucho calor. Mientras leía el sermón vi avanzar a mi perro salchicha que mordió la cola del vestido de la novia. Terminé de leer muy rápido y fui a sacar a mi perro. Las mujeres se pusieron a gritar... Después de eso, me tomé seis meses para aprender español en la escuela de teología en Buenos Aires. A partir de mi regreso la misa se hizo en castellano. Así empezó a llegar otro tipo de gente a la parroquia y eso generó un choque en la asamblea general. Había una madre que decía que enseñar el Padre Nuestro en castellano era echarle perlas a los puercos. Así fue como salí del ghetto”.
¿Cómo llegó a ser la máxima autoridad en su iglesia?
“La iglesia luterana recién comenzaba a ser autónoma, y era primera vez que el sínodo elegía obispo. Yo era el teólogo y experto dentro de la iglesia. Ya me decían ‘pastor rojo’, por el campamento Lenin. En el campamento se requería atención de médicos; entonces hablé con el MIR, porque la Facultad de Medicina estaba en sus manos. Conocí a Miguel Enríquez, también a Pascal Allende.
El sínodo de la iglesia luterana fue un mes después de la elección del presidente Allende. Todos sabían el rumbo que tomaría Chile. Eramos tres candidatos. Yo era el más joven y era considerado izquierdista. Gané en la tercera vuelta. Nadie tuvo explicación para eso, yo tampoco. Cuando estoy muy ‘piadoso’ pienso que fue obra del Espíritu Santo. O quizás pensaron que si Chile iba a tener un presidente rojo, la iglesia debía tener un obispo igual”.
EXPERIENCIA EN DICTADURA
¿Cuál ha sido el momento más decisivo en su vida?
“Lo que más me ha golpeado en la vida fue mi expulsión de Chile. A mí no me interesaba hacer carrera en la iglesia ni en política. Se habían publicado en los diarios unas 600 firmas de feligreses solicitando que me fuera. Por eso, un periodista le preguntó a Pinochet cuándo me iba a expulsar, y él dijo: ‘Nosotros no nos mezclamos con las cosas de la iglesia’. Y yo le creí. Decidí ir a Ginebra a dejar mi informe. Ya tenía una nueva familia cristiana con un grupo de sacerdotes, monjas y laicos. El decreto de expulsión lo firmó el general César Benavides, entonces ministro del Interior. Willy Brandt, ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, y el senador Edward Kennedy, de Estados Unidos, intervinieron. Pero fue inútil. En Alemania fui nombrado secretario ejecutivo de Amnistía Internacional. Los abogados José Zalaquett y Hernán Montealegre, expulsados después, también estaban en Amnistía en Londres. Pudimos hacer más denuncias sobre Chile que antes...”
¿Cómo trataban a los refugiados en Chile, en tiempos de la Unidad Popular?
“Chile era una isla de libertad. Llegaron miles de refugiados, más que nada brasileños y uruguayos, 35 mil en total. La iglesia luterana era una iglesia rica y con proyectos de desarrollo para el Tercer Mundo. El presidente Allende convocó a las iglesias exponiendo el problema y nos hicimos cargo. En Concepción había avanzado el ecumenismo. En el Movimiento Familiar Cristiano yo participaba como teólogo invitado. Hacíamos también cultos ecuménicos en la Parroquia Universitaria con el padre Perico (Pedro Villagra), mi amigo. Allende al asumir dijo ‘yo no soy presidente sólo de los católicos sino de los evangélicos también’. Por eso, el 71 se hizo el primer Tédeum Ecuménico.
El 73 fundamos la Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados y después, el Comité de Defensa de los DD.HH. Pero el gobierno dijo que se encargaría de la defensa de los derechos humanos, y nos bautizó como Comité de Cooperación para la Paz en Chile. Fue disuelto a fines del 75, después de mi expulsión. Yo tenía un papel importante por ser enlace con la ayuda europea.
Mis feligreses me atacaron. Bruno Siebert, jefe de la Dina Metropolitana era miembro de mi congregación. Yo les decía: ‘escuchen el ejemplo del buen samaritano. Debemos ayudar’. Así comenzó, así llegué a ser ‘obispo rojo’.
Fui miembro del Movimiento Cristianos por el Socialismo, que en Alemania existe aún. Me di cuenta que la política de Salvador Allende tenía muchos aspectos humanos. ¿Por qué nadie se atreve a mencionar a Allende hoy? Yo lucho contra ese gran olvido. ¿Por qué hubo tantos miles de asesinados y torturados, desaparecidos y ejecutados? Porque trataron de realizar el sueño de una sociedad donde cada niño recibiera su medio litro de leche diario, donde todos tuvieran acceso al sistema de salud y una educación adecuada... Todos estos días he dicho que no se puede matar la memoria.
El Comité Pro Paz estaba en calle Santa Mónica, éramos más o menos doscientas personas, encargadas de documentación, área jurídica, salud y áreas clandestinas y subversivas, también. Cada sacerdote y monja tenía gente escondida que había que hacer entrar en las embajadas. Era fácil con México, Argentina, Costa Rica, Italia. Había dos embajadas cerradas, la Nunciatura y la de Alemania.
La alemana requería autorización de Willy Brandt, que finalmente la dio. A la Nunciatura entramos desde una casa vecina. Muchos de los refugiados, mujeres y hombres, habían estado presos y fueron víctimas de la tortura. Así me enteré del problema de la tortura”.
¿Qué actividades ha desarrollado desde su expulsión de Chile?
“Estuve diez años como secretario general de la sede de Amnistía Internacional en Bonn. Luego regresé a la iglesia, como pastor de una parroquia en Hamburgo. Los últimos cinco años fui comisionado de la iglesia para los refugiados. Me jubilaron el 31 de enero de 1998. En la fiesta de despedida, justo el 30, recibí una llamada de Joan Garcés por el juicio del padre Antonio Llidó. Me fui a declarar a Madrid”.
¿Qué sintió cuando arrestaron a Pinochet en Londres?
“Fue un momento de satisfacción. A nivel jurídico, tener a ese carajo bajo arresto domiciliario en Londres era lo máximo; está considerado a nivel internacional como el carnicero de los Andes. Declaré que con el obispo católico Fernando Ariztía le mostramos a Pinochet una foto del padre Llidó, y él nos dijo que no era cura, sino terrorista y que a comunistas y miristas había que torturarlos, para que ‘cantaran’. Ese testimonio fue muy importante porque el gobierno español estaba en contra de ese juicio, pero no pudo negarse porque Llidó era español”.
VOCERO DE LOS REFUGIADOS
¿Qué actividades desempeña ahora?
“Llevo cuatro años como director del Departamento de Refugiados del estado federal de Schleswig Holstein. Un año después de mi jubilación, el presidente del Parlamento del Estado me ofreció ese cargo. Buscaban alguien con autoridad, experiencia y que no requiriera sueldo. Yo acepté siempre que no significara trabajar dentro del nivel ejecutivo y que pudiera ser vocero de los refugiados y no del gobierno. Como director trabajo en forma independiente. Soy abogado de los extranjeros, sólo sujeto a la ley y a mi conciencia”.
¿Cuál es su diagnóstico de la situación chilena?
“Me temo que el próximo gobierno será de la UDI. Estamos viviendo momentos cruciales. Han entrado a la discusión sobre una solución para el conflicto de los derechos humanos. Pero no se puede poner punto final a la historia. La historia es como un río, se construye una represa pero no es el final. Después las aguas van a seguir…
Hay que escuchar la verdad en las voces de las víctimas y no en el Parlamento. La justicia se basa en leyes. Se habla de justicia con clemencia. ¿Qué es eso? Justicia con generosidad, tampoco. ¡Cuidado con ponerle adjetivos a la palabra justicia! Siempre va a limitarla. Comprendo que las víctimas del terrorismo de Estado digan ‘no estamos en venta’. Por cierto, también es necesario dar una reparación material. Pero es un solo paso, y se necesitan muchos pasos. La justicia actual está basada en leyes promulgadas por la dictadura. Deben terminar estas leyes de impunidad. Por eso suscribo las exigencias y demandas de la Comisión Etica Contra la Tortura. Y apoyo la instalación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación integral”
entrevista de LUCIA SEPULVEDA RUIZ para revista Punto Final, Nº 547, año 2003.
El pastor luterano miró fijamente al presidente Lagos con su único ojo vidente -justamente el izquierdo- y le dijo que la memoria no aguanta un punto final ni un borrón y cuenta nueva y que él, como alemán, lo ha comprobado. Hay diferencias cuantitativas, agregó, entre lo que pasó en Chile y en Alemania, hace 53 años. Pero podemos comparar la forma de manejar nuestras herencias.
En La Moneda, Helmut Frenz se sentó entre una sobreviviente, Juana Aguilera, y la doctora que atiende a torturados, Paz Rojas.
EL pastor luterano Helmut Frenz y la trabajadora social belga Françoise Visée, destacados defensores de los derechos humanos del pueblo chileno.
En diagonal, se encontraban el ex embajador noruego Frode Nilsen y otro sobreviviente, Ricardo Froedden, dirigente de la Comisión Etica Contra la Tortura. Frenz y Nilsen vivieron los efectos del golpe militar en Chile socorriendo a muchos perseguidos.
El diplomático noruego recordó su trabajo en favor de los condenados a muerte y presos políticos a lo largo de once años, y afirmó que sus “clientes” de entonces, hoy retornados -a quienes visita todos los años- no están bien. El presidente respondió que incorporaría el tema de la tortura a las propuestas que dará a conocer y creará una comisión para acotar ese universo, tarea que encomendó al subsecretario del Interior, presente en la entrevista en el palacio de La Moneda.
El obispo luterano Helmut Frenz, co-fundador del Comité Pro Paz, retorna por segunda vez a Chile luego de su expulsión por la dictadura en 1975. Sus palabras, cargadas de verdad, han venido a romper un silencio de trece años sobre un crimen de la dictadura ignorado por el Informe Rettig y la Concertación.
Antes, Helmut Frenz había asistido a la asunción de Aylwin. Ahora integró, junto al ex embajador Frode Nilsen, el cantautor uruguayo Daniel Viglietti, la trabajadora social belga Françoise Visée, el director de teatro chileno-sueco Igor Cantillana y los argentinos Margarita Jarque y Félix Crous, una delegación de personalidades invitadas por la Comisión Etica Contra la Tortura para respaldar su demanda de crear una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación. Françoise Visée manifestó al presidente Lagos que para que haya real democracia en Chile, es necesario que todos los chilenos puedan retornar. Igor Cantillana comprometió el apoyo de los chilenos que están insertos en la sociedad europea, para conseguir recursos para la reparación integral.
El programa de la delegación incluyó diversos diálogos y un seminario con organizaciones sociales en Santiago y Valparaíso; entrevistas con Hortensia Bussi viuda de Allende, Isabel Allende y parlamentarios; un recorrido por el Parque por la Paz, y una velatón en la ex casa de torturas de José Domingo Cañas. Con la colocación de una placa recordatoria en la que fue sede del Comité Pro Paz y un acto de homenaje a la solidaridad internacional en el edificio Diego Portales, concluyó el nutrido programa desarrollado por los visitantes. Las canciones de Viglietti -cuya privilegiada voz no ha perdido fuerza- agregaron emoción y esperanza a los testimonios de los visitantes.
OBISPO LUCHADOR
Sencillo, delgado, de paso rápido y aspecto engañosamente frágil, Frenz tiene respuestas directas para todo. Pero confiesa no saber qué decir cuando una madre lo abraza en la calle, agradeciéndole haber salvado la vida de su hijo. Se mantuvo impertérrito -como toda la delegación- aguantando el telúrico saludo recibido en la calle Guardia Vieja, la antigua residencia del presidente Allende. El temblor grado 6 que -dicen- se sintió hasta en Buenos Aires, ocurrió segundos después que Isabel Allende, presidenta de la Cámara de Diputados, aludiera al remezón de emociones que estas visitas le generaban.
En el Parque por la Paz, luego de salir del lugar de tortura conocido como “La torre”, Helmut Frenz exclamó con voz ahogada: “No dejen de luchar, no dejen de luchar”. En el edificio Diego Portales su figura crecía al recordar que allí mismo oyó a Pinochet justificar la tortura. Visitó a los presos políticos y recibió el homenaje de la Comisión Chilena de DD.HH.
En Hamburgo, su lugar de residencia, rema todos los días en el lago. Y se preocupa de los refugiados. Es miembro del movimiento Cristianos por el Socialismo. Tiene nueve hijos (dos de ellos penquistas), nietos de los que habla con ternura, y dos matrimonios. Punto Final logró sustraerlo de la intensa actividad que se impuso en Chile, en la que también solidarizó con el pueblo mapuche.
¿Por qué dice que tiene un corazón chileno con pasaporte alemán?
“Mis lazos con Chile se construyeron en Concepción, en el campamento Lenin. (La dictadura rebautizó Población Diego Portales a esa toma de terrenos en el sector de Hualpencillo). El 8 de mayo del 70, un día de frío y lluvia, murieron dos niños y vi que había que hacer algo. Ese fue el punto de cambio de mi nacionalidad. Tuve que tomar una posición. Mi trabajo era partidista, porque tomó el partido de los que tuvieron que luchar hasta la elección de Allende. Yo nunca había leído siquiera el Manifiesto Comunista. Pero sí el Nuevo Testamento y el ejemplo del Buen Samaritano”.
En la entrevista que sostuvo la delegación internacional de personalidades de derechos humanos con los diputados Juan Bustos y María Antonieta Saa y el senador Viera-Gallo, Frenz partió afirmando: “Debo admitir que estando tan lejos me faltan herramientas de análisis de la situación actual. Debo confiar en mis ojos, y admitir que no soy miembro de un partido político pero sí del partido más grande, el partido de los pobres, de los oprimidos, los torturados y los que padecen las consecuencias de una situación injusta. En Chile me he encontrado con los miembros de mi partido. Admito que estoy informado unilateralmente”.
¿Sigue siendo un hombre de iglesia?
“Para mí es importante decirle que sí, porque normalmente el público no se da cuenta que yo, en primer lugar, soy un cristiano. Mis argumentos se basan en la Biblia. El cristiano no puede ser apolítico porque el Evangelio también es muy político. Por supuesto, no quiero ser considerado un politiquero. Mi base es otra”.
(Antes de develar la placa recordatoria del Comité Pro Paz, el pastor luterano leyó un texto del profeta Isaías, el himno del Siervo de Dios, y rememoró a los obispos que han tenido la valentía de vivir con los pobres, como lo hizo monseñor Oscar Romero, de El Salvador).
LIBERADO POR
EL EJERCITO ROJO
¿Fue su familia determinante en su formación?
“Yo nací en el este de Alemania, en una ciudad que hoy forma parte de Polonia. Mi padre era empleado público y mi madre dueña de casa. Ellos pertenecían al partido nazi. Durante la guerra vivíamos en Berlín. A los diez años yo perdí el ojo derecho en un bombardeo. Mi hermano mayor estudiaba en un colegio de élite cuyo director era el propio Adolfo Hitler. A los once años, en febrero del 45, yo iba a entrar al colegio Napola, de las élites fascistas de nivel medio. Por suerte en mayo entraron en Berlín las tropas soviéticas. El Ejército Rojo me liberó de un porvenir horrible. Sin embargo, mis padres siguieron pensando lo mismo, como la mayoría de los alemanes de su generación. Nunca pude discutir el pasado con ellos, siempre se negaron. Decían ‘en la familia, nada de pasado’. Todo eso tuvo mucha influencia en mi destino.
En la enseñanza secundaria mis profesores eran en su mayoría ex nazis. Pero había un profesor de historia que pasó tres años en un campo de concentración. Lo queríamos mucho. Cuando estudié teología en la Universidad de Bonn, mis profesores eran teólogos famosos de la Iglesia Confesante, ya que en tiempos de los nazis la iglesia se dividió en dos facciones, la iglesia de ultraderecha y la de Izquierda, que era la Confesante, que trabajaba en la clandestinidad. Escondía judíos y comunistas. Esa fue mi suerte”.
EN EL GHETTO ALEMAN
¿Por qué vino a Chile?
“Mi esposa y yo dejamos Alemania porque habíamos oído hablar de los problemas del Tercer Mundo. Escogimos Chile por nuestros cuatro niños, porque en Argentina, Brasil o Paraguay tendríamos que haber ido a parroquias rurales y no queríamos mandarlos a escuelas lejanas. Fui destinado a Concepción, a la Deutsche Evangelische Kirche. Mi antecesor había desempeñado el cargo 35 años y era miembro del partido fascista dentro de la colonia alemana. Recibí de él una herencia muy pesada.
Todo el culto se hacía en alemán. Sólo sabíamos latín y nada de castellano. Me di cuenta que había llegado a un lugar que no tenía nada de Tercer Mundo: era el ghetto alemán. Era muy chocante, en el centro estaban sus negocios... Una vez me tocó una ceremonia nupcial. El templo estaba repleto, hacía mucho calor. Mientras leía el sermón vi avanzar a mi perro salchicha que mordió la cola del vestido de la novia. Terminé de leer muy rápido y fui a sacar a mi perro. Las mujeres se pusieron a gritar... Después de eso, me tomé seis meses para aprender español en la escuela de teología en Buenos Aires. A partir de mi regreso la misa se hizo en castellano. Así empezó a llegar otro tipo de gente a la parroquia y eso generó un choque en la asamblea general. Había una madre que decía que enseñar el Padre Nuestro en castellano era echarle perlas a los puercos. Así fue como salí del ghetto”.
¿Cómo llegó a ser la máxima autoridad en su iglesia?
“La iglesia luterana recién comenzaba a ser autónoma, y era primera vez que el sínodo elegía obispo. Yo era el teólogo y experto dentro de la iglesia. Ya me decían ‘pastor rojo’, por el campamento Lenin. En el campamento se requería atención de médicos; entonces hablé con el MIR, porque la Facultad de Medicina estaba en sus manos. Conocí a Miguel Enríquez, también a Pascal Allende.
El sínodo de la iglesia luterana fue un mes después de la elección del presidente Allende. Todos sabían el rumbo que tomaría Chile. Eramos tres candidatos. Yo era el más joven y era considerado izquierdista. Gané en la tercera vuelta. Nadie tuvo explicación para eso, yo tampoco. Cuando estoy muy ‘piadoso’ pienso que fue obra del Espíritu Santo. O quizás pensaron que si Chile iba a tener un presidente rojo, la iglesia debía tener un obispo igual”.
EXPERIENCIA EN DICTADURA
¿Cuál ha sido el momento más decisivo en su vida?
“Lo que más me ha golpeado en la vida fue mi expulsión de Chile. A mí no me interesaba hacer carrera en la iglesia ni en política. Se habían publicado en los diarios unas 600 firmas de feligreses solicitando que me fuera. Por eso, un periodista le preguntó a Pinochet cuándo me iba a expulsar, y él dijo: ‘Nosotros no nos mezclamos con las cosas de la iglesia’. Y yo le creí. Decidí ir a Ginebra a dejar mi informe. Ya tenía una nueva familia cristiana con un grupo de sacerdotes, monjas y laicos. El decreto de expulsión lo firmó el general César Benavides, entonces ministro del Interior. Willy Brandt, ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, y el senador Edward Kennedy, de Estados Unidos, intervinieron. Pero fue inútil. En Alemania fui nombrado secretario ejecutivo de Amnistía Internacional. Los abogados José Zalaquett y Hernán Montealegre, expulsados después, también estaban en Amnistía en Londres. Pudimos hacer más denuncias sobre Chile que antes...”
¿Cómo trataban a los refugiados en Chile, en tiempos de la Unidad Popular?
“Chile era una isla de libertad. Llegaron miles de refugiados, más que nada brasileños y uruguayos, 35 mil en total. La iglesia luterana era una iglesia rica y con proyectos de desarrollo para el Tercer Mundo. El presidente Allende convocó a las iglesias exponiendo el problema y nos hicimos cargo. En Concepción había avanzado el ecumenismo. En el Movimiento Familiar Cristiano yo participaba como teólogo invitado. Hacíamos también cultos ecuménicos en la Parroquia Universitaria con el padre Perico (Pedro Villagra), mi amigo. Allende al asumir dijo ‘yo no soy presidente sólo de los católicos sino de los evangélicos también’. Por eso, el 71 se hizo el primer Tédeum Ecuménico.
El 73 fundamos la Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados y después, el Comité de Defensa de los DD.HH. Pero el gobierno dijo que se encargaría de la defensa de los derechos humanos, y nos bautizó como Comité de Cooperación para la Paz en Chile. Fue disuelto a fines del 75, después de mi expulsión. Yo tenía un papel importante por ser enlace con la ayuda europea.
Mis feligreses me atacaron. Bruno Siebert, jefe de la Dina Metropolitana era miembro de mi congregación. Yo les decía: ‘escuchen el ejemplo del buen samaritano. Debemos ayudar’. Así comenzó, así llegué a ser ‘obispo rojo’.
Fui miembro del Movimiento Cristianos por el Socialismo, que en Alemania existe aún. Me di cuenta que la política de Salvador Allende tenía muchos aspectos humanos. ¿Por qué nadie se atreve a mencionar a Allende hoy? Yo lucho contra ese gran olvido. ¿Por qué hubo tantos miles de asesinados y torturados, desaparecidos y ejecutados? Porque trataron de realizar el sueño de una sociedad donde cada niño recibiera su medio litro de leche diario, donde todos tuvieran acceso al sistema de salud y una educación adecuada... Todos estos días he dicho que no se puede matar la memoria.
El Comité Pro Paz estaba en calle Santa Mónica, éramos más o menos doscientas personas, encargadas de documentación, área jurídica, salud y áreas clandestinas y subversivas, también. Cada sacerdote y monja tenía gente escondida que había que hacer entrar en las embajadas. Era fácil con México, Argentina, Costa Rica, Italia. Había dos embajadas cerradas, la Nunciatura y la de Alemania.
La alemana requería autorización de Willy Brandt, que finalmente la dio. A la Nunciatura entramos desde una casa vecina. Muchos de los refugiados, mujeres y hombres, habían estado presos y fueron víctimas de la tortura. Así me enteré del problema de la tortura”.
¿Qué actividades ha desarrollado desde su expulsión de Chile?
“Estuve diez años como secretario general de la sede de Amnistía Internacional en Bonn. Luego regresé a la iglesia, como pastor de una parroquia en Hamburgo. Los últimos cinco años fui comisionado de la iglesia para los refugiados. Me jubilaron el 31 de enero de 1998. En la fiesta de despedida, justo el 30, recibí una llamada de Joan Garcés por el juicio del padre Antonio Llidó. Me fui a declarar a Madrid”.
¿Qué sintió cuando arrestaron a Pinochet en Londres?
“Fue un momento de satisfacción. A nivel jurídico, tener a ese carajo bajo arresto domiciliario en Londres era lo máximo; está considerado a nivel internacional como el carnicero de los Andes. Declaré que con el obispo católico Fernando Ariztía le mostramos a Pinochet una foto del padre Llidó, y él nos dijo que no era cura, sino terrorista y que a comunistas y miristas había que torturarlos, para que ‘cantaran’. Ese testimonio fue muy importante porque el gobierno español estaba en contra de ese juicio, pero no pudo negarse porque Llidó era español”.
VOCERO DE LOS REFUGIADOS
¿Qué actividades desempeña ahora?
“Llevo cuatro años como director del Departamento de Refugiados del estado federal de Schleswig Holstein. Un año después de mi jubilación, el presidente del Parlamento del Estado me ofreció ese cargo. Buscaban alguien con autoridad, experiencia y que no requiriera sueldo. Yo acepté siempre que no significara trabajar dentro del nivel ejecutivo y que pudiera ser vocero de los refugiados y no del gobierno. Como director trabajo en forma independiente. Soy abogado de los extranjeros, sólo sujeto a la ley y a mi conciencia”.
¿Cuál es su diagnóstico de la situación chilena?
“Me temo que el próximo gobierno será de la UDI. Estamos viviendo momentos cruciales. Han entrado a la discusión sobre una solución para el conflicto de los derechos humanos. Pero no se puede poner punto final a la historia. La historia es como un río, se construye una represa pero no es el final. Después las aguas van a seguir…
Hay que escuchar la verdad en las voces de las víctimas y no en el Parlamento. La justicia se basa en leyes. Se habla de justicia con clemencia. ¿Qué es eso? Justicia con generosidad, tampoco. ¡Cuidado con ponerle adjetivos a la palabra justicia! Siempre va a limitarla. Comprendo que las víctimas del terrorismo de Estado digan ‘no estamos en venta’. Por cierto, también es necesario dar una reparación material. Pero es un solo paso, y se necesitan muchos pasos. La justicia actual está basada en leyes promulgadas por la dictadura. Deben terminar estas leyes de impunidad. Por eso suscribo las exigencias y demandas de la Comisión Etica Contra la Tortura. Y apoyo la instalación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación integral”
Pastor luterano Helmut Frenz: “La Iglesia no puede ser neutral”
(entrevista realizada por mí el 2007, para la revista Punto Final, cuando recibió la nacionalidad por gracia). La traigo de vuelta a modo de homenaje a este gran gran hombre, un pastor ejemplar a quien conocí y dejó profunda huella en Chile y sus heridas).
Helmut Frenz ahora es chileno. Con casi 75 años, diez hijos –la menor, Rebeca, de madre chilena- y una vida entregada a la solidaridad con los que sufren, el pastor luterano de origen alemán, participa actualmente en una coordinación de organizaciones como FASIC, CODEPU y otras, que discuten el proyecto de creación del futuro Instituto de los Derechos Humanos. Llegó a Chile en 1965, y salvó vidas durante la dictadura a través del Comité Pro Paz. Expulsado del país por Pinochet, su voz reapareció con fuerza en democracia el 2003 para exigir al gobierno de Lagos la creación de una comisión de reparación para las víctimas de la tortura. Recientemente fue presidente de la comisión que calificó víctimas para el fondo de ayuda establecido por la Fundación Salvador Allende.
¿Qué ha significado para usted ser declarado oficialmente chileno? Su autobiografía, publicada el año pasado ya se titulaba “Mi vida chilena”. ¿Qué es lo diferente ahora?
- Como chileno, quiero trabajar en el mejoramiento de nuestra situación política, colaborando con todas las fuerzas de buena voluntad para deshacernos de la herencia de la dictadura, por el bien del pueblo. Yo relaciono este otorgamiento de la nacionalidad por gracia, con lo que viví en 1975, cuando la dictadura militar me expulsó del país “para siempre”.
“La expulsión fue un golpe muy grande y me afectó muchísimo. En cambio, este reconocimiento otorgado es una enorme alegría. Mi corazón desde hace largo tiempo es chileno, y estoy radicado definitivamente aquí. Pero me siento muy orgulloso y honrado por esta decisión de la democracia chilena, que es diferente de una condecoración, que uno se la prende en la chaqueta en ocasiones solemnes, y después se guarda. En cambio, la nacionalidad es algo cotidiano.
“Además, me dijeron que nunca se había celebrado esto en La Moneda, con la presidenta y varios ministros, los presidentes del Senado y la Cámara. Mi corazón está lleno de gratitud. Una chilena ex refugiada, me escribió desde Europa: ‘Esto significa que nosotros te amamos tanto que queremos seas uno de los nuestros’”.
¿Sabe que se está realizando una campaña para que puedan vivir en Chile personas que no pueden ingresar por estar vigentes sus condenas de extrañamiento de tiempos de dictadura?
- Fui de los primeros en firmar una carta apoyando esta campaña. No entiendo porqué en todos estos años los gobiernos democráticos chilenos han conservado esas penas de extrañamiento. Hay que anularlas. Precisamente FASIC se fundó en mi oficina, para ayudar a los presos en relación a ese decreto 504 de conmutación de penas por exilio. Espero que el gobierno de la Presidenta Bachelet corrija esta situación y devuelva a los que permanecen fuera de Chile su derecho a vivir y morir en su país. Creo que ya estamos cerca de ese día.
Derechos Humanos hoy, en Chile
¿Cuál es su diagnóstico de la situación de los derechos humanos en Chile?
- Chile es miembro de las Naciones Unidas y firmante de la mayoría de los pactos internacionales y debe cumplir con sus deberes. La Ley 19.992 que declara secreto nacional por 50 años los documentos del informe Valech, es incompatible con la Convención contra la Tortura. A través del Comité Contra contra la Tortura, Naciones Unidas ha criticado públicamente a Chile por este hecho. Especialmente en zonas rurales del país, las víctimas caminan por la vereda con la cabeza inclinada hacia abajo y los torturadores, que saben que los documentos que los incriminan se guardarán en secreto por cincuenta años, andan triunfantes por la calle, con la cabeza en alto. Eso se debe terminar.
“Otra crítica que yo tengo es que la Comisión Valech tuvo un tiempo excesivamente corto de funcionamiento. Hubo sólo seis meses de plazo para presentar los testimonios. En Alemania recién este año 2007, cumplidos ya 50 años del fin de la guerra, se clausuró la Comisión de Indemnización para las víctimas del nazismo. La última tarea que tuvo era indemnizar a quienes debieron hacer trabajo forzados en las fábricas. No hay razón alguna para que en Chile se cerrara el trabajo de la Comisión tan pronto.
“Hay una larga lista de críticas formuladas por la gran familia internacional: todavía está vigente el decreto de la autoamnistía. Pareciera que hay una cierta cultura de la impunidad. Hay un discurso y un compromiso, y sin embargo se hace lo contrario. Los ‘calabozos de lujo’ para los pocos condenados en el Penal Cordillera también tienen algo que ver con aspectos de impunidad. ¿Y cómo podemos vivir con esta constitución heredada de la dictadura? Las fuerzas de carabineros todavía dependen del Ministerio de Defensa, eso también ha sido criticado por Naciones Unidas. Las fuerzas de seguridad no tienen nada que ver con los militares. Carabineros debe depender del Ministerio del Interior y su estructura y formación debe ser diferente a la de los militares. Los militares aprenden a matar. Los carabineros no deben aprender a matar, sino a defender y proteger la vida de los chilenos”.
¿Cómo ve la actuación de la Presidenta en este contexto?
- Cuando la Presidenta Michele Bachelet asumió, tenía la esperanza que especialmente por ser mujer, y haber sido una víctima de la dictadura, iba a tener la valentía de cambiar estas cosas. Seguramente ella es valiente. Estoy convencido que la Presidenta quiere cambiar el rumbo, pero parece que se le hace difícil debido las estructuras tan estrictas dentro de la Concertación y al juego político de los partidos. En Chile las familias influyentes políticamente tienen dentro de sus miembros a un obispo, un general, un abogado… En esas familias también hay alguno que es miembro de la Democracia Cristiana , o de Renovación Nacional, y está la “oveja roja”. Esta mezcla dificulta encontrar una solución, pero ciertamente no debe impedirla.
Traje de combate
En el juicio entablado en España contra Pinochet, usted declaró que cuando se entrevistó con él en relación a la desaparición del P. Antonio Llidó, el dictador justificó el uso de la tortura en los detenidos. ¿Qué sintió usted cuando murió Pinochet?
- Yo estaba un poco triste, por razones muy especiales. Pensaba como muchos otros chilenos que una sentencia en los juicios dejaría claro que Pinochet cometió crímenes y es el autor intelectual de muchísimos crímenes de lesa humanidad. Es una lástima que no recibió sentencia, no sólo por la corrupción - un delito de gente de nivel bajo, sin ética. – sino tampoco por ninguno de los casos gravísimos de tortura, asesinato, desaparición por los que se le juzgó. Estábamos en el punto en que esperábamos un fallo de la justicia chilena, pero él se escapó…
¿Cuál era el “traje de combate” que lo caracterizó a usted en dictadura?
- Nosotros los pastores de casi todas las confesiones hablábamos de traje de combate cuando nos poníamos el uniforme eclesiástico: la camisa con cuello clerical, la cruz episcopal en el pecho y terno negro. Como pastor nos daba cierta seguridad y protección. En tiempos uniformados se necesitaba también de un uniforme. Ese era el traje de combate que yo usaba especialmente con los militares, incluso hasta cuando fui a la entrevista con el dictador Pinochet.
¿Cómo fue su experiencia reciente en la Fundación Salvador Allende para calificar los casos que recibirían una reparación del Fondo de Ayuda a las Víctimas?
- Acepté como tarea netamente humanitaria que no tenía nada que ver con la política. Pero me vi inmerso de nuevo en la política… Como Presidente de la Comisión Calificadora de la Fundación, me correspondió leer más de cinco mil testimonios. Durante más de medio año leí diariamente 30 a 50 testimonios. Fue un trabajo muy duro, me persiguió hasta en mis sueños, tenía pesadillas y escuchaba los gritos de los torturados… Ahí me di cuenta por qué se declaró como secreto nacional por cincuenta años la documentación Valech: en muchos testimonios, especialmente de víctimas de zonas rurales, las víctimas conocían a sus victimarios y los mencionan con nombre, apellido, rango y lugares de trabajo. Son personas bien definidas. Al leer ciertas solicitudes, vi nombres y apellidos que conozco, de uniformados y no uniformados de zonas rurales. Y no podía creerlo. Pero las solicitudes eran declaraciones juradas de las víctimas.
Hacer justicia
¿Qué va a pasar con esos testimonios?
- No era nuestra tarea publicarlos, sino sólo calificar casos. La Fundación, con sede en Madrid es responsable de eso. Nosotros estamos luchando junto a CODEPU para que el gobierno asuma a los reconocidos por esta Comisión para que reciban el beneficio del Estado, para lo cual se tendría que reabrir La Comisión Valech o formarse otra similar. Es cierto que la tortura no se puede indemnizar. Lo más importante es el reconocimiento como víctima.
“El primer paso de la reparación es hacer justicia. Con eso empieza la reparación integral. Muchas víctimas de tortura no hablan sobre ello, les da vergüenza, se sienten culpables. Varios testimonios empiezan: ‘Por primera vez me atrevo a hablar sobre lo que me ha ocurrido’. Viven treinta años con este trauma, muchas veces cerca de sus victimarios. La ley de amnistía, la constitución de los militares, la ley del secreto, forman un paquete que se debe abrir y solucionar humanamente. No se trata de odio ni de venganza.
“Se habla mucho de clemencia. Somos demócratas y debemos ser muy humanos y misericordiosos. Pero una cosa viene después de otra. Primero, yo espero la confesión de muchas personas, y la condena, y después vendrá la clemencia. En el caso del torturador Osvaldo Romo, que conozco bastante bien, yo creo que estaba muy enfermo. Con eso no disculpo lo que él ha cometido pero quiero tomarlo en consideración. Porque uno se pregunta qué pasa en su cabeza, para defender sus atrocidades hasta el último segundo. Eso no es normal. Como teólogo, como pastor y como cristiano yo debo decir que él va a enfrentar otro juicio y ahí se va a hacer justicia”.
¿Qué le parece la condena reciente de 541 días de reclusión para los ex oficiales de la Fuerza Aérea Edgar Cevallos y Ramón Cáceres r, dictada por el juez Fuentes Belmar por el delito de torturas y lesiones graves a 17 personas y 40 miembros de la FACH?
- Eso no es más que un maquillaje jurídico, para decir que la justicia hizo algo.
¿Hubo condenas en Alemania por tortura?
- Los primeros cuatro años, Alemania estuvo bajo control y administración de los poderes aliados que hicieron el proceso de Nuremberg, en el cual la cúpula nazi fue condenada a muerte. La tortura es castigada también en Alemania. La tortura le quita a la víctima la dignidad. La Constitución Alemana dice que la dignidad del ser humano es intocable.
El Evangelio no es apolítico
La neutralidad de la iglesia ¿es posible? ¿Es deseable?
- Soy del partido de los oprimidos. Nosotros tenemos que ser partidarios de los que sufren. La iglesia no puede ser neutral, porque el Evangelio no es neutral. Tampoco puede ser apolítica, porque el Evangelio no es apolítico. El Evangelio nos responsabiliza por el bien de la sociedad… Nos pregunta qué hemos hecho de bueno o de malo en la sociedad. Política viene del griego polis, que significa ciudad, pero se refiere a la sociedad, la convivencia de los seres humanos. Y nosotros somos responsables de lo que ocurre en la sociedad.
“Yo creo que los teólogos de todas las confesiones estamos de acuerdo en que tenemos una responsabilidad pública. No en el sentido partidista. No acuso a nadie por ser miembro de la UDI o de Renovación Nacional. Vivimos en una democracia, y si alguien quiere ser de esos partidos, que lo sea. Pero ojalá que nadie vote por la UDI o RN. Son los políticos los que quieren que la Iglesia no se mezcle en la política. Muchas veces me dijeron en tiempos de dictadura: ‘Pastor, no queremos escuchar nada de política desde el púlpito. Queremos escuchar el Evangelio’. Entonces yo les respondía: ‘Aquí está el Evangelio’ y predicaba sobre el buen samaritano.
¿Se superó la fractura que sufrió la iglesia luterana en 1974?
- Hasta hoy existen en Chile la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Luterana. La causa del cisma fue ideológica: estar contra el golpe o a favor. Ahora, después de 33 años, ambas partes desean reunificarse. Se han dado pasos. Hubo una conferencia con participación de pastores de ambas iglesias, en un ambiente amistoso. Ya no hay hostilidad pero cada iglesia tiene sus estructuras y se tiene que trabajar mucho para una reunificación. La generación que no vivió la experiencia de la dictadura militar se pregunta por qué esta división. La reconciliación es un acto espiritual, según mi juicio empieza con el arrepentimiento, y no se resuelve con nuevos estatutos. Eso sería un grave error. Pero s un día no tan lejano eso se va a lograr.
¿Usted ejerce actualmente como pastor?
- Estoy jubilado, soy miembro de una congregación de la Iglesia Evangélica Luterana y vicepresidente de su directorio. Muchas veces predico, reemplazando a la pastora.
¿Hay pastoras en su iglesia?
- En la iglesia donde soy miembro hay igualdad de los géneros. En la otra, no. Tenemos pastoras y una obispa que se llama Pastora Presidenta, pero su ministerio es prácticamente el de un obispo.
Quisiera que nos entregue su propia definición de la fe.
- Es tener la certidumbre de una fuerza mayor que llamamos Dios, una fuerza mayor que me acompaña y que tiene organizado algo muy especial para cada uno. Yo estoy convencido que tengo un ángel guardián. No lo veo pero lo escucho. A veces me advierte que él no puede volar tan rápido como yo quisiera… Eso me da certidumbre de saber que estoy en manos de mi creador.
Yo Acepto (El contrato)
Este es el texto que nos leyó en el bus 506 este 11 de septiembre, un estudiante anónimo...historia que relaté en el artículo anterior de este blog. Un lector de El Ciudadano, que publicó mi artículo, posteó este link para permitirnos compartirlo.
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