jueves, noviembre 19, 2020

Indignación global por plan de FAO de aliarse con CropLife Int. = Bayer/Monsanto, Syngenta y otras


Hoy 19 de noviembre, cientos de organizaciones de la sociedad civil y pueblos indígenas interpelaron a esta agencia de las Naciones Unidas, demandando que renuncie a su alianza anunciada con Crop Life International. 350 organizaciones de 63 países que representan a cientos de miles de agricultores, pescadores, trabajadores agrícolas y otras comunidades, así como instituciones de derechos humanos, religiosas, de justicia ambiental y económica, entregaron una carta al Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación Qu Dongyu instándole a detener los planes anunciados recientemente para profundizar la colaboración con CropLife International.

CropLife es una asociación comercial internacional que representa los intereses de las empresas productoras y promotoras de los plaguicidas, incluyendo aquellos que son altamente peligrosos (PAP o HHPs por su nombre en inglés). Según la carta, los PAP “son responsables por un amplio rango de devastadores daños a la salud de agricultores, trabajadores rurales y familias campesinas de todo el mundo” y estas sustancias químicas han “diezmado las poblaciones de polinizadores y también están causando estragos a la diversidad y los frágiles ecosistemas”.
“Esta alianza propuesta es profundamente inapropiada y sabotea directamente los objetivos de FAO de apoyar sistemas alimentarios que sean saludables, resilientes y productivos al tiempo que se salvaguarda la sostenibilidad del medio ambiente”, dice Sarojeni Rengam, directora de Pesticide Action Network (PAN) Asia Pacífico. “El propósito de CropLife, por otro lado, es abogar por el uso continuo de los plaguicidas que venden sus miembros. Estas soluciones químicas peligrosas y anticuadas plantean obstáculos mortales para la transición que se necesita con urgencia hacia enfoques innovadores e intensivos en conocimientos ecológicos para la agricultura “.La Sra. Rengam entregó la carta hoy en nombre de PAN International, otras diez organizaciones y redes copatrocinadoras y cientos de signatarios.
La carta destaca un análisis reciente de los archivos de la industria el cual establece que sus compañías miembros: CropLife, Basf, Bayer Crop Science, Corteva Agriscience, FMC y Syngenta, generan más de un tercio de sus ingresos vía las ventas de plaguicidas altamente peligrosos (PAP), que son los plaguicidas más dañinos para la salud de los seres humanos y el ambiente. La proporción de ventas de PAP es aún más alta en los países en desarrollo, según denuncia la carta, lo que no ocurre en aquellos países cuyas regulaciones de seguridad son a menudo menos robustas y los daños a la salud de seres humanos y el ambiente son mayores.
“Muchos de nuestros niños yaquis han muerto y sufrido discapacidades de por vida por la exposición a plaguicidas tóxicos que fueron prohibidos por los países que los exportaron para ser utilizados en nuestros territorios”, dijo Mariano Ochoa Millán, ex miembro de la Junta del Consejo Internacional de Tratados Indios de Rio Yaqui Sonora, México. Millán, quien falleció por COVID-19 el 31 de agosto, hizo esta declaración en respuesta a la declaración del 9 de julio de 2020 del Relator Especial de la ONU sobre Tóxicos en la que pedía a las naciones ricas que detuvieran la práctica de exportar pesticidas prohibidos. Muchas de las empresas miembros de CropLife son firmes defensores de esta práctica.
La carta tuvo el patrocinio conjunto de una importante cantidad de organizaciones internacionales y redes globales de amplia base: La Alianza Africana por la Soberanía Alimentaria, (Alliance for Food Sovereignty in Africa (AFSA), el Centro por una Legislación Ambiental Internacional (Center for International Environmental Law,CIEL); FIAN Internacional, Amigos de la Tierra Internacional, Friends of the Earth International), el Instituto para Políticas de Agricultura y Comercio (Institute for Agriculture and Trade Policy, IATP), el Consejo Internacional de Tratados Indios (International Indian Treaty Council, IITC), la Red Internacional por la Eliminación de Contaminantes International (Pollutants Elimination Network IPEN), Asociaciones Internacionales de Sindicatos de Alimentación, trabajadores rurales, de la hotelería, restoranes, catering, tabaco y sindicatos unidos (International Union of Food, Agricultural, Hotel, Restaurant, Catering, Tobacco and Allied Workers’ Associations IUF), la Red de Acción en Plaguicidas Internacional, (Pesticide Action Network PAN), Ojo Público Internacional (International, Public Eye) y Red del Tercer Mundo (Third World Network).
Marcia Ishii, científica senior de PAN Norteamérica, explicó las serias implicaciones de la colaboración propuesta: “La decisión de la FAO de iniciar una asociación formal con CropLife es una mala noticia para los millones de agricultores cuya salud y sustento han sido devastados por los plaguicidas altamente peligrosos fabricados por empresas miembro de CropLife.”
Desafortunadamente, desde la llegada del Sr. Qu a la FAO, la institución parece estar abriéndose a una colaboración más profunda con las empresas de plaguicidas, que probablemente explotarán esa relación para hacer un lavado de imagen, influir en el desarrollo de políticas y mejorar el acceso a los mercados mundiales. No es de extrañar que la Directora General Adjunta recientemente nombrada por la FAO, Beth Bechdol, llegue a la FAO con un historial de estrechos vínculos financieros con Corteva (anteriormente Dow / DuPont), un miembro de Croplife con sede en el estado natal de Bechdol, Indiana, EE. UU.
Un grupo internacional de 286 científicos e investigadores también están expresando su preocupación por la alianza anunciada, entregando una carta al Director General Q hoy, e instándole a no profundizar la colaboración con CropLife.
Shiney Varghese, analista senior de políticas del Instituto de Política Agrícola y Comercial, señala que, si bien la FAO dice que quiere minimizar los daños de los plaguicidas en todo el mundo, los miembros de CropLife obtuvieron más de un tercio de sus ingresos de la venta de plaguicidas altamente peligrosos en 2018. “En el contexto de esta asociación propuesta entre la FAO y CropLife, lo que es aún más importante es que muchas de esas ventas se realizaron a agricultores de países de ingresos bajos y medios como Brasil, India y Tailandia, mientras que solo el 27 por ciento se realizaron en países de ingresos altos. No es sorprendente que CropLife International quiera tener una asociación, pero ¿por qué la FAO querría poner en riesgo a estos países de ingresos bajos y medianos? “


“Necesitamos una FAO fuerte, independiente de la industria de plaguicidas y libre de los intereses de mercado de las corporaciones globales, comprometida con alimentos seguros y saludables y sistemas agrícolas sostenibles para el beneficio de todas las personas”, dice Susan Haffmans de PAN Alemania. Con este compromiso con la agroecología, la FAO se ha embarcado en este camino sustentable. La FAO no debe poner en peligro sus éxitos en agroecología ni su integridad cooperando precisamente con esa rama de la industria que es responsable de la producción de plaguicidas altamente peligrosos y cuyos productos contribuyen a envenenar a las personas y su entorno en todo el mundo “.
“En América Latina, necesitamos políticas que apoyen la eliminación gradual de los plaguicidas altamente peligrosos (PAP) y la ampliación de la agroecología. La asociación propuesta entre la FAO y CropLife socavaría este objetivo “, dijo Fernando Bejarano, coordinador de la Oficina de IPEN para América Latina y el Caribe, quien ha supervisado varios informes sobre la situación de los plaguicidas altamente peligrosos en países de la región.


lunes, noviembre 02, 2020

Nuevas incógnitas de una Fake News del año 75: la Operación Colombo


Mina Antequera y Magdalena Navarrete (foto de Amenie Calderón) 

Mina es  madre de Juan Carlos y Jorge Elías Andrónico Antequeras, y Magdalena, lo es  de Sergio Ruiz Navarrete. Junto al colectivo 119 Familiares y Amigos, ellas han  dedicado su vida a la búsqueda de justicia. Mina falleció este 31 de octubre, sin que llegara la esperada sentencia judicial . Dedicó la mitad de su vida, 45 años a buscar a sus hijos y lograr justicia. Sólo hay 67 sentencias impartidas, y no se ha recuperado ningún cuerpo de las y los 119.  A ella y a todas las madres, dedico esta investigación que resalta el nefasto rol de la justicia chilena, con sentencias tardías o inexistentes. Este artículo fue publicado por primera vez por CIPER, el 21 de octubre pasado. 

La Operación Colombo incluyó un elaborado montaje periodístico para ocultar la desaparición de 119 opositores a la dictadura. Una noticia falsa publicada en una revista argentina creada especialmente para ese fin y en un diario brasileño que reapareció solo para difundir esa información, indicaba que las víctimas habían sido ajusticiadas por sus compañeros. La nota fue reproducida por Agencia UPI, La Tercera, El Mercurio y La Segunda. En este reportaje que publica CIPER se hace un detallado recuento de los avances de la investigación en materia de condenas. Solo 64 casos cuentan con sentencias definitivas. En los últimos dos años la Corte Suprema apenas dictó nueve fallos. Quedan 55 casos pendientes y, de ellos, en 11 no ha habido movimiento judicial alguno.


En julio de 2020 se cumplieron 45 años de la “Operación Colombo”la brutal operación de fake news ideada y ejecutada por la DINA, la policía secreta de Pinochet, para encubrir el asesinato y la desaparición de 19 mujeres y 100 hombres, la mayoría jóvenes, todos los cuales integraban la resistencia a la dictadura. El montaje mediático que se armó con la lista de 119 personas -detenidas entre mayo de 1974 y febrero de 1975- aseguraba que todos ellos habían muerto en diversos países del extranjero, asesinados entre ellos mismos por rencillas internas. Con esa operación de inteligencia se apuntó a enlodar a la izquierda e infundir terror a quienes continuaban resistiendo.

Esa información falsa fue publicada en la revista argentina “Lea” y el diario “O Dia” de Brasil, creada la primera y hecha reaparecer la segunda especialmente para este fin, y reproducida por la Agencia UPI. Además, esas publicaciones fueron precedidas de una serie de artículos que daban cuenta de un supuesto avance de guerrilleros desde Argentina hacia Chile y anuncios sobre muertes de chilenos izquierdistas en el exterior. Era el clima necesario para hacer “creíble” la noticia de que todos esos ciudadanos a quienes en Chile se denunciaba en tribunales como detenidos por los servicios represivos de la dictadura, eran en realidad guerrilleros que se asesinaban entre ellos mismos.

El 19 de julio de 1975, el diario La Tercera publicó un despacho de la UPI con el título: “Entre ellos se eliminan los extremistas chilenos”. El artículo mencionaba la muerte en Francia “hace unas semanas” (9 de junio 1975) del conocido periodista Eugenio Lira Massi, ex redactor del diario Puro Chile, quien “sería una de las víctimas” de vendettas de la izquierda, según la revista Lea, citada por la Agencia UPI.

 

Cuatro días después (23 de julio), El Mercurio publicó la primera lista parcial de los nombres que conocemos ahora con el encabezado: “Identificados 60 miristas asesinados”. En la bajada se leía: “Ejecutados por sus propios camaradas”. En tanto, La Segunda, ideó un escalofriante titular de portada que publicó el 24 de julio de 1975: “Exterminados como ratas”, lo que fue acompañado de una nota que agregó otros 59 nombres.

La “Operación Colombo” fue, en rigor, la antesala de la “Operación Cóndor”, la criminal alianza de las dictaduras latinoamericanas para eliminar opositores más allá de sus fronteras. En ese contexto fueron asesinados el general Carlos Prats y su señora Sofía Cuthbert, en Argentina; y el ex canciller Orlando Letelier junto a la investigadora Ronnie Moffit, en Washington (Estados Unidos), así como los dirigentes del MIR Edgardo Enríquez y Jorge Fuentes, entre otros militantes comunistas y del progresismo.

En cuanto a la “Operación Colombo”, la batalla por la memoria ha restablecido la verdad histórica y hoy es claro que fue un montaje de la DINA. Pero sigue pendiente la verdad judicial. Solo 64 de los casos cuentan con sentencias definitivas emitidas por la Corte Suprema que, en lugar de abordar este episodio criminal como un montaje, decidió hacerlo caso a caso para la mayoría de las víctimas involucradas. Así, selló una práctica de justicia tardía, desigual e ineficiente.

La excepción la constituye la causa principal de la “Operación Colombo”, un cuaderno caratulado “Francisco Aedo y otros”, que investiga 33 secuestros y está aún detenido en la antigua Octava Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago. En ningún caso de los ya fallados la justicia chilena ha reconocido que se trata de delitos perpetrados por una organización criminal, una asociación ilícita, incluso de tipo internacional, un agravante legal a la hora de fijar las penas.

PRESCRIPCIÓN Y SENTENCIAS TARDÍAS

En la lógica de la impunidad que ha marcado al país desde el inicio de la transición, nunca hubo confesiones de los criminales ni de sus cómplices que permitieran encontrar los restos de los 119 desaparecidos. En 2009, la Corte Suprema aplicó la prescripción, absolviendo a todos los perpetradores del secuestro y desaparición de Jacqueline Binfa (28 años, estudiante de Trabajo Social, militante del MIR).

En 2016, en el juicio por el secuestro de Rodolfo Marchant (PS, dirigente sindical de la Empresa Nacional de Frigoríficos, Enafri), no hubo condenados. La sentencia absolvió a Pinochet y al ex director de la DINA, Manuel Contreras, por haber ambos fallecido. Y Marcelo Moren Brito, el único de los enjuiciados por el secuestro de Marchant vivo en 2015, murió cuando iba a ser notificado de la sentencia.

Entre los años 2008 – 2013, según el abogado de DD.HH. Francisco Bustos, el 75% de las condenas en materia de Derechos Humanos fueron penas remitidas (sin prisión efectiva), por aplicación de la media prescripción lo que, en los hechos, significó rebajar condenas a los criminales.

Las consecuencias de dicha impunidad se evidenciaron masivamente a partir del estallido social, en la práctica sistemática de la mutilación y la tortura por agentes del Estado en las manifestaciones. Ello, sumado a la violencia político-sexual ejercida contra mujeres, y el negacionismo oficial sobre las violaciones a los derechos humanos, mostró la huella letal dejada por la impunidad.



 

Figura de Bárbara Uribe, 2005. 


ÚLTIMOS FALLOS DE LA CORTE SUPREMA

Entre julio del 2018 y julio del 2020, la Corte Suprema solo dictó nueve fallos relativos a la llamada “Operación Colombo”. Lo hizo respecto de los secuestros y desapariciones de María Angélica Andreoli, María Cristina López y Bárbara Uribe, a los que se agregan los casos de Miguel Ángel Acuña, Arturo Barría, Bernardo de Castro, Vicente Palominos, Edwin van Yurik y Héctor Zúñiga Tapia, cuyos perfiles detallamos más abajo.

Como están pendientes 55 casos, a este ritmo, si tomáramos una media generosa de cuatro sentencias por año, los juicios concluirían con criminales absueltos por muerte y después del fallecimiento de madres y familiares directos de los desaparecidos. Puede ocurrir que estemos ante una espera sin fin, porque hay 11 casos en la más completa impunidad, sin movimiento judicial alguno.

Quizás, para compensar la denegación de justicia, en este último tramo las sentencias han sido algo más contundentes y, salvo en el caso del profesor Barría, no validaron el truco de la prescripción en estos delitos de lesa humanidad.

Por el secuestro y desaparición de María Cristina López, la plana mayor de la DINA, encabezada por los ex oficiales de Ejército Pedro Espinoza, César Manríquez y Miguel Krassnoff, fue sentenciada a 15 años; en tanto, por haber hecho desaparecer a María Angélica Andreoli, recibieron 13 años Miguel Krassnoff, Pedro Espinoza y Raúl Iturriaga (jefe del Departamento Exterior de la DINA). A ese trío de victimarios hay que sumarle similar condena por los secuestros de Vicente Palominos y de Miguel Ángel Acuña. En cambio, por los secuestros de Bárbara Uribe y Edwin van Yurik, así como por los de Héctor Zúñiga y Bernardo de Castro, las penas para la plana mayor de la policía secreta de Pinochet fueron solo de 10 años de prisión; y por el secuestro del profesor Barría, apenas 6 años y un día.

El fallo contra Krassnoff, Nelson Paz y César Manriquez (10 años) y Ricardo Lawrence (5 años y 1 día), como responsables del secuestro y desaparición de Bárbara Uribe, establece que “se encuentra justificado en el proceso que dentro de los apremios de que fue objeto, se ejerció en diversas oportunidades violencia de índole sexual en su contra”diferenciando ese delito de la tortura, también mencionada. Es la primera vez que el delito de violencia sexual se menciona en una sentencia de la Corte Suprema.

Sin embargo, en la causa de María Angélica Andreoli, quien fue violada, torturada y hecha desaparecer después de estar prisionera en Londres 38, solo fueron condenados a 13 años los jefes de la DINA, siendo absueltos Ricardo Lawrence (oficial de Carabineros, jefe de los grupos “Águila” y “Caupolicán”), Risiere del Prado y Gerardo Urrich (quien acaba de fallecer por Covid-19 en Punta Peuco), reconocidos criminales e identificados en la causa como cómplices o autores por el ministro en visita Hernán Crisosto.

Si bien el juez investigó acuciosamente toda la red y la participación de todos los agentes en los delitos, la Corte Suprema adujo que estos “no confesaron y señalan no haberla conocido” (a María Angélica Andreoli), un razonamiento contradictorio con centenares de condenas anteriores de perpetradores, ya que son casi inexistentes los criminales que han aceptado conocer a alguno de los desaparecidos.

Los jueces aplican un criterio de presunción, perfectamente legal según el sistema penal vigente para los casos de Derechos Humanos, donde son ellos quienes dirigen las investigaciones. Los criminales siempre declaran haber sido “analistas” o “guardias”, jamás torturadores. Esta jurisprudencia es contraria a la aplicada por la justicia en Alemania para centros de exterminio nazi, donde se entendió que todas las personas que allí laboraron eran fundamentales y prestaron labores de apoyo para cumplir los hechos que se persiguen.

María Cristina López 



TARDÍA JUSTICIA PARA 9 DE LOS 119

María Angélica Andreoli Bravo fue detenida en su casa de calle Bilbao, el 6 de agosto de 1974, traicionada por una ex compañera convertida en delatora (Marcia Merino). Tenía 27 años y hasta el Golpe de Estado estudió para ser nutricionista en la Universidad de Talca. Después, interrumpió sus estudios y entró a trabajar de secretaria en Sigdo Koppers. Fue miembro del equipo de apoyo a la Comisión Política del MIR, y a Miguel Enríquez, su secretario general. Los agentes la llevaron a la cárcel secreta de la DINA ubicada en Londres 38, donde otras prisioneras escucharon su voz por varios días, resistiendo.

María Cristina López Stewart, 21 años, estudiante de Historia en el Pedagógico de la U. de Chile y militante del MIR, fue detenida el 22 de septiembre de 1974, durante el operativo que desplegó la DINA para apresar a Miguel Enríquez. La joven estudiante, de cabellos color miel y pequeña estatura, dirigía una parte de la estructura de informaciones del MIR y durante el gobierno de la UP le correspondió gestionar la búsqueda, recolección y sistematización de datos relacionada con los movimientos golpistas de algunos sectores políticos, así como de uniformados.

A sus 16 años, María Cristina escribió en su diario de vida: “Yo no tengo miedo a la muerte. Tengo miedo a dejar de vivir”. Estudió en el Liceo 7, donde hizo amistades entrañables. Leía, estudiaba, escuchaba a Los Beatles y jugaba con su perrita Jenny. Su rebeldía y su búsqueda de igualdad de derechos la llevaron a negarse a asistir a la graduación al fin de sus estudios secundarios. ¿La razón?: algunas de sus compañeras no podrían asistir por no poder costear el traje para la ocasión. El juez Juan Guzmán inició en 2004 la investigación de su secuestro, pero la sentencia final llegó sólo en 2020.

Bárbara Uribe Tamblay tenía 20 años cuando fue detenida el 10 de julio de 1974, el mismo día que su marido, Edwin van Yurik, con quien se casó en diciembre del ’73. Estudió en los liceos 7 de Niñas y 9 de Macul y allí luchó por todas las causas justas, egresando el ’72. Lo de Bárbara y Edwin fue amor a primera vista: se conocieron en el local de la Federación de Estudiantes Nocturnos, como activos miembros del FER, estructura estudiantil ligada al MIR y ella tomó la iniciativa. Emotiva, sensible, le gustaba la música y el canto y le aburrían las lecturas pesadas. Muy bella, le aconsejaron ser modelo, pero optó por hacer un curso de secretariado. Ingresó al MIR tras participar en los trabajos voluntarios en apoyo al movimiento campesino y obrero en Talca. Trabajó políticamente en los campamentos de  Nueva Habana y Lo Hermida donde se esforzó por ayudar a los perseguidos, pero en ese último campamento conoció de cerca al entonces dirigente poblacional Osvaldo Romo, quien después del Golpe se reveló que era un agente de la DINA. Romo fue quien la detuvo y vejó. Ni Romo ni Basclay Zapata, otro de sus violadores, cumplen sentencia: murieron antes de que se emitiera el fallo. Bárbara y Edwin permanecen desaparecidos y unidos para siempre.

Miguel Ángel Acuña, 19 años, ex dirigente del Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), fue detenido el 8 de julio de 1974. Tras ser hecho desaparecer, fue objeto de una segunda fake new. Orlando Manzo Durán, oficial de Gendarmería (ya muerto) quien también fue agente de la DINA, utilizó bajo tortura a un joven que tenía el mismo nombre y apellidos de Miguel Ángel y que fue detenido en 1975 en Temuco, para hacerlo firmar un documento diciendo que él había salido a Argentina y regresado. Es decir, no estaba detenido ni en condición de desaparecido. La madre de Miguel Ángel Acuña informó entonces en tribunales que recibió una carta oficial diciendo que su hijo había sido liberado. Cuando ella acudió a la dirección que le había informado su hijo en que se encontraba, constató que Miguel Ángel seguía desaparecido, pues se trataba de otra persona que tenía el mismo nombre.

En julio de 2002, la Corte de Apelaciones confirmó los procesamientos dictados por la jueza María Inés Collin contra los perpetradores, pero la sentencia final llegó con 18 años de retraso, cuando Contreras, Moren Brito y Romo ya estaban muertos, y Manzo -aunque nunca fue inculpado- también había fallecido.

Arturo Barría tenía 38 años, era comunista, docente y dirigente gremial.  Profesor de música en el Liceo Darío Salas, era concertista en piano y docente universitario. Fue detenido el 27 de agosto de 1974 junto a su alumno de cuarto medio, Roberto Meneses y otras profesoras del mismo liceo, tras participar en el funeral de un estudiante donde junto a los asistentes cantó La Internacional y gritó consignas. Prisionero en Tres Álamos, protegió al joven estudiante detenido y formó un coro para alentar a los presos. El periodista Mario Aguilera, quien sobrevivió a la cárcel y a la tortura, relató en su declaración judicial que el 12 de septiembre el profesor cantó el Ave María de Schubert en homenaje a las Marías detenidas. El salón de actos del aguerrido Liceo Darío Salas lleva el nombre de su profesor de música. La investigación de su desaparición la desarrolló el ministro en visita Hernán Crisosto, quien condenó a un grueso número de perpetradores, pero el fallo final cambió radicalmente la sentencia.

Bernardo de Castro, 36 años, dibujante técnico de profesión, fue detenido el 14 de septiembre de 1974. Descrito por uno de sus tres hijos como “militante del PS/MIR, artista, dirigente sindical, locutor radial y jugador de fútbol”, pocos días antes de su detención sus compañeros habían lanzado volantes con la imagen del presidente Allende. Bernardo los había dibujado y luego él mismo había hecho la matriz para su reproducción. La investigación de su detención y desaparición la inició el juez Juan Guzmán en 2004 y solo tuvo el fallo definitivo 16 años después.

Edwin van Yurik tenía 20 años, estaba casado con Bárbara Uribe, de quien era su “polo opuesto”. La amaba profundamente. Descrito por uno de sus compañeros como “tranquilo, reflexivo, comprometido, de lo mejor del MIR del Manuel de Salas”, militaba en la estructura de informaciones. Fue detenido el 10 de julio de 1974, presumiblemente cerca de Irarrázaval. Llevado inicialmente a la cárcel secreta de la DINA de Londres 38, luego lo trasladaron a otra cárcel secreta: Villa Grimaldi. Allí, como resistía la tortura y se negaba a delatar a sus compañeros, le pasaron una camioneta por encima de sus pies. Las heridas no sanaban y debieron amputarle una de sus piernas. El horror no terminó allí. Debió presenciar la violación de su esposa Bárbara por el agente Basclay Zapata (el “Troglo”) y, según su hermano – testigo, porque sobrevivió-, Edwin los escupió con la propia sangre que brotaba de su cuerpo por los golpes recibidos.

Héctor Zúñiga Tapia tenía 27 años, era casado y tenía una hija. Había estudiado Química y Farmacia en la Universidad de Concepción, pero tras el golpe se vino a Santiago. Vivía en la Villa Kennedy, en la casa de su hermano. Fue detenido el 16 de septiembre, el mismo día que su amigo Vicente Palominos, 30 años, profesor de Química, exonerado de la Universidad de Chile. Ambos eran del MIR y con sus conocimientos lograron armar un taller de fotografía con el que hacían cédulas de identidad para los militantes clandestinos. También reproducían documentos en microfilms, con orientaciones para el trabajo político de la resistencia.

En el campo de concentración de Cuatro Álamos, destinado a los incomunicados, ellos compartieron la pieza N° 13, tras haber pasado por el centro de detención y tortura de José Domingo Cañas. Los sobrevivientes de ese campo han declarado que a Héctor y Vicente los apodaron “los matemáticos”, pues les hacían clases a los detenidos. La investigación de estos dos casos la inició el juez Juan Guzmán Tapia quien en 2004 encargó reos a 16 oficiales en retiro por estos y otros secuestros. Pero la sentencia final demoró 16 años en llegar.

  .

 

 

Bernardo de Castro 




SENTENCIAS DE LA CORTE DE APELACIONES

En los dos últimos años la Corte de Apelaciones de Santiago dictó otras 18 sentencias por los secuestros y desaparición de María Inés Alvarado, Carmen BuenoRubén ArroyoFrancisco BravoJuan ChacónDarío ChávezMartín ElguetaHéctor GarayNéstor GallardoIsidro LabradorEduardo LaraZacarías MachucaJuan Carlos PerelmanTeobaldo TelloEnrique ToroRodrigo UgasJosé Villagra y Humberto Ziede.

En estos mismos dos años se han mantenido varadas en la Corte de Apelaciones de Santiago las sentencias emitidas por la detención, torturas y desaparición de Sonia BustosVíctor ArévaloBladimir AriasModesto EspinozaAntonio CabezasCarlos Gajardo y Carlos Pérez V.

SIN SENTENCIAS NUEVAS DE PRIMERA INSTANCIA

Entre 2018 y 2020 no se dictó ninguna sentencia de primera instancia para hacer justicia con las víctimas de la “Operación Colombo”. Están a la espera de su revisión por la Corte de Apelaciones, 18 sentencias de primera instancia dictadas entre 2017/2018 y que se refieren al secuestro y desaparición de: Cecilia CastroFrancisco Aedo, los hermanos Juan y Jorge Andrónico AntequeraJaime BuzioMario CalderónRoberto ChaerRodolfo EspejoAlbano FiorassoLuis FuentesGregorio GaeteMauricio JorqueraAlejandro OlivaresPedro PobleteIsidro PizarroMarcos QuiñonesSergio Reyes y Gilberto Urbina. (Nota de la autora: el 1 de Noviembre de 2020,  falleció la madre de los hermanos Andrónico, sin tener siquiera una sentencia de primera instancia por el doble secuestro y desaparición).

En las demandas por los secuestros de Ariel Salinas y Gary Olmos hay acusación formulada en 2017, pero no hay sentencia. Entre los casos que desde 2018 tienen hechores procesados, pero sin acusación, están: Asrael RetamalesJorge Antonio Herrera y Sergio Lagos. Sin procesados está el caso del albañil de Las Rejas Sur, Eduardo Alarcón. Y en la impunidad total permanecen los secuestros y desaparición de Violeta López (secretaria de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile), Juan Bautista Maturana (comerciante), Edgardo Morales (dirigente sindical de la Corporación de Mejoramiento Urbano CORMU), Leopoldo Muñoz (futbolista del barrio Lo Valledor), Ramón Núñez (estudiante de la ex UTE hoy USACH) y Carlos Salcedo (estudiante de Sociología).

Las sentencias que aquí se informan se han logrado por el trabajo de los abogados de Derechos Humanos y la constante presión y movilización del “Colectivo 119” integrado por familiares y compañeros de las víctimas, junto a otras organizaciones de Derechos Humanos que han impactado positivamente en el Poder Judicial, forzándolo a nominar ministros especiales encargados de las causas de Derechos Humanos. Pero la impunidad sigue hoy y en el horizonte y no solo por los criminales que han sido liberados desde Punta Peuco.



LOS “PAPERS” DE LA DINA

La “Operación Colombo” aun esconde muchos secretos. De hecho, permanecen en la impunidad otros crímenes asociados según consta en los únicos “papers” de la DINA conocidos hasta ahora, descubiertos en Buenos Aires, como recordó  la periodista Mónica González en julio pasado en el conversatorio “45 años de la ‘Operación Colombo’. Discusiones desde la actualidad”. En esa actividad fue organizada por el Centro de Estudiantes de la Escuela de Derecho y la Facultad de Filosofía de la U. de Chile. Fui una de las panelistas,  junto al abogado Francisco Bustos, la académica Carla Peñaloza y la periodista Mónica González, quien trabajó como periodista de investigación en dictadura en las desaparecidas revistas Cauce y Análisis. En el conversatorio,  Mónica rememoró sus hallazgos del año 1986 en Argentina.

Investigando el asesinato del General Prats, encontró un expediente judicial del que fuera jefe de la DINA en Buenos Aires, Enrique Arancibia Clavel (asesinado en esa ciudad en abril de 2011) y que prueban cómo se gestó la “Operación Colombo” y su participación en ella. Mónica González logró – “por majadera” según su testimonio – que un juez transandino le diera acceso al Archivo Judicial donde se conservaban tres cajas de documentos que se le incautaron a este agente al ser detenido y acusado de espía el 4 de noviembre de 1978, durante el grave conflicto limítrofe entre ambas dictaduras.

Estos son los únicos archivos secretos de la DINA conocidos hasta ahora. Arancibia Clavel había conservado esos documentos como garantía de autodefensa ante la justicia argentina: para demostrar llegado el momento que no era un espía, sino un importante eslabón en la colaboración de los servicios de Inteligencia de ambos países para “eliminar disidentes”. Allí hay notas a mano y otras que describen desde su inicio la “Operación Colombo”, algunas escritas a mano por el general (r) Raúl Iturriaga Neumann, hoy preso en Punta Peuco y aspirante a ser liberado. Un peritaje caligráfico determinó la autoría de Iturriaga respecto de esas notas.

Arancibia Clavel (Luis Felipe Alemparte era su chapa en la DINA) declaró a las autoridades argentinas que se contactó con el entonces mayor Iturriaga en junio de 1975. Los documentos que Mónica descubrió y grabó en ese juzgado bonaerense, fueron solicitados en 1992 a la justicia argentina por el ministro instructor de la Corte Suprema chilena, Adolfo Bañados, e incorporados en el proceso por el asesinato del Orlando Letelier para ilustrar las conexiones internacionales de la DINA.

En esos documentos hay listas de desaparecidos que incluyen algunos nombres y cédulas de identidad de personas que no figuran en la Lista de los 119.  En el conversatorio de julio pasado, Mónica González reveló que incluso en estos días, está declarando ante la justicia argentina por casos relacionados con fotos de víctimas mencionadas en el marco de la “Operación Colombo” que hasta hoy no han sido identificadas, y cuyos cuerpos aparecieron quemados en Argentina.

Un proceso abierto recientemente busca identificar a los responsables de la desaparición y muerte de dos jóvenes socialistas, Jaime Robotham (que sí figura en la lista de los 119) y Claudio Thauby (mencionado en los DINA papers). Familiares de ambos, hoy jóvenes abogados, son quienes abrieron estos procesos.

La “Operación Colombo”, según los archivos de la DINA en poder de Enrique Arancibia Clavel, se inicia con maniobras para encubrir el asesinato y desaparición del ingeniero comunista David Silbermann, gerente general de Chuquicamata durante el gobierno de Allende (quien no figura en la lista de los 119).

En una de las listas en poder del agente DINA, Arancibia Clavel, figuran los nombres de 21 detenidos desaparecidos, entre ellos el de mi prima, Marcela Soledad Sepúlveda Troncoso. Su nombre no figura en la lista de los 119 pero su secuestro y desaparición, obra de Osvaldo Romo entre otros, permanece hasta hoy en la más absoluta impunidad.

Marcela Sepúlveda tenía 18 años cuando fue detenida el 26 de junio de 1974 por Osvaldo Romo y otros agentes de la Dina. Todo sucedió cuando ella esperaba a su padre en el cruce de Santa Rosa, un camino de la localidad rural de Lampa, al norte de Santiago. Debían irse juntos a la parcela donde se refugiaron tras la detención de su mamá, Blanca Troncoso, quien permanecía detenida y torturada en Londres 38, pero Marcela nunca llegó a la casa amiga. A la mañana siguiente, sus secuestradores la llevaron hasta el domicilio de la familia que la acogía en Lampa y se llevaron su máquina de escribir Olivetti y varios esténciles, materiales usados entonces por la Resistencia para hacer volantes de denuncia de los crímenes. En una primera serie de fake news, Romo confundió a la familia de Marcela dando información falsa: les aseguró que ella estaba a salvo. Ello demoró las gestiones de denuncia, las que solo se iniciaron tras la expulsión y exilio de la madre de Marcela.

La joven era originaria de Parral y estudiaba Educación Diferencial en la U. de Chile. Sus estudios secundarios los hizo en el Liceo 7 de Providencia donde participó en actividades del Frente de Estudiantes Revolucionarios. Marcela integró una delegación de la Federación de Estudiantes Secundarios que tuvo una audiencia con el presidente electo, Salvador Allende, en su casa de Guardia Vieja, pocos días antes que él asumiera su cargo. La joven trabajaba políticamente en el MIR junto a Eduardo Ziede (detenido 11 días antes que ella), y posiblemente también con Víctor Villarroel, secuestrado un día antes que Marcela (Eduardo y Víctor sí son parte de la Lista de los 119). No hay testimonios de la permanencia de la estudiante en prisión, por lo que es viable suponer que fue torturada tempranamente hasta morir. En 2002, su madre interpuso una nueva querella ante el juez Juan Guzmán, sin resultado alguno hasta ahora para esta víctima de la “Operación Colombo”.

Paco Lira, a la derecha, en embajada de Francia


EUGENIO LIRA MASSI

El “Flaco Lira”, periodista de dilatada trayectoria en medios y la televisión, fallecido en París a los 40 años, lejos de su esposa y de sus tres hijas, es también parte de la oscura trama de la “Operación Colombo”. Fue redactor político de los diarios Clarín y Puro Chile, este último periódico creado para apoyar la candidatura de Salvador Allende. En las oficinas de Puro Chile compartimos cercanos escritorios y cafés con el “Flaco”, quien también fue conductor de La Entrevista Impertinente en Canal 13, y autor, entre otros libros, de “La Cueva del Senado y los 45 Senadores”.

La mención de Lira Massi por el diario La Tercera como “víctima” (citada al inicio de esta investigación), arranca de la falacia desarrollada en el único número de la revista argentina Lea, en el artículo “La Vendetta Chilena”. La Alianza Anticomunista Argentina Triple A y la DINA, fabricaron en Buenos Aires esta revista fantasma, que señala que el factor determinante de la denuncia de las eliminaciones entre izquierdistas fue “la extraña muerte del periodista en su departamento de París”. En el artículo se habla de “un plan de ejecución materializado en una feroz cacería a lo largo y ancho de las tres Américas y Europa”, llevado a cabo por miristas y socialistas.

 

Según los papeles de la DINA encontrados en 1978 en la casa de Enrique Arancibia Clavel en Buenos Aires, el autor de este artículo es Gerardo Roa Caballero, entonces agregado de prensa en la embajada de Chile en Brasil. Roa desarrolla esta trama apuntando a una venganza de la que habría sido víctima Lira Massi, ya que se aprestaba a publicar un libro revelando intimidades de la UP y disputas por el manejo de fondos de los exiliados en el exterior. Ello “ha determinado el inicio de acciones de limpieza y silencio realizadas en Argentina, Colombia, México y Francia”. En esa misma edición de LEA está la lista con 60 de los nombres que integran la lista de los 119 Los otros 59 aparecieron en el diario O’Día de Curitiba).

Mónica González recordó en el conversatorio ya citado, que en 1992, ya en democracia, descubrió que Gerardo Roa era el jefe de Relaciones Públicas del entonces intendente Luis Pareto; y que su secretaria era María Alicia Uribe (“Carola”), ex mirista, quien una vez que es detenida se convierte en delatora y colaboradora de la DINA y funcionaria del Ejército posteriormente. Cuando la periodista regresó para llevar a Roa a declarar ante la Comisión Rettig, como habían convenido tras el primer encuentro, el ex agente la amenazó con tomar represalias sobre sus hijas, exhibiendo sus fotografías tomadas en Francia, donde ellas residían. No logró amedrentarla: la historia fue publicada en el diario La Nación. Pero la impunidad siguió su curso a lo largo de los años. Porque Gerardo Roa siguió siendo durante un tiempo el jefe de Comunicaciones del intendente Pareto. Solo “Carola” desapareció de esas oficinas.

LA “OPERACIÓN FRANCIA”

El caso de Eugenio Lira, presentado oportunamente por su esposa, Estela Molina, a la Comisión Rettig que investigó las desapariciones y ejecuciones en tiempos de dictadura, fue declarado “caso sin convicción”. El periodista Víctor Osorio, en el libro Morir es la Noticia de Ernesto Carmona Editores, cita en su crónica sobre Lira Massi a su colega Edwin Harrington. En un artículo publicado en 1990 en la revista Nueva Voz, Harrington sostenía que el profesional “habría sido asesinado por medio de un plan denominado ‘Operación Francia’ (de la DINA) y pudo haber muerto por gas sarín –que provoca efectos neurológicos-  en relación con la llegada a París de Bernardo Conrads Salazar (cédula de identidad 4.132.356-6), un funcionario de seguridad de la dictadura. En la fecha, además, el agente Michael Townley había viajado desde Chile a París y su regreso al país fue posterior al hallazgo del cadáver”.

Francia era un importante foco de atención internacional de la DINA, ya que allí residía gran número de exiliados chilenos. Harrington cita como una de sus fuentes principales un informe del FBI, pero en 1990 el pedido de información de la familia a la embajada norteamericana sobre ese informe no tuvo ningún resultado positivo.

De los chilenos asilados en la embajada del país galo en Chile luego del golpe militar, el “Paco” Lira fue el último en obtener el salvoconducto para viajar a Francia. Había sido el primero en ingresar y contó siempre con el aprecio y apoyo del embajador Pierre de Menthon, recientemente fallecido, quien tenía claro que, para Pinochet, Lira Massi era un personaje muy odiado. El Bando N° 10 publicado el 11 de septiembre por la Junta Militar incluyó el nombre de Lira Massi entre las 95 personas que debían presentarse de inmediato al Ministerio de Defensa.

Los restos del periodista fueron cremados y traídos desde París en 1979 por monseñor Enrique Alvear, vicario de la zona Oeste del arzobispado de Santiago, para ser sepultados en el Cementerio General. Cristina Lira, prima de Eugenio, residente en Francia y varada en Chile por la pandemia, estudia la forma de abrir una investigación sobre las causas del deceso.


LA AUTOPSIA Y EL INFORME POLICIAL

Después de múltiples gestiones, hace algunos años Cristina Lira tuvo acceso al informe de la autopsia que le practicaron a Lira funcionarios del Instituto Médico Legal francés. “Tiene las firmas de los doctores Garat y Deponge. Son dos informes y un complemento. Y se agregan 18 páginas del informe policial. El informe toxicológico no revela venenos, ni contenido importante de alcohol en la sangre. En el informe se describe el color del cerebelo como rosado, lo que un médico que consulté interpreta como insuficiencia respiratoria”.

Según Cristina, en la autopsia no está explicitada la causa de muerte, pero de la lectura de los informes policiales, ella deduce que la piel estaba destruida a solo tres días de su fecha de muerte (cuando fue encontrado su cuerpo) lo que ella considera extraño. John Dinges, reputado investigador y autor de “Operación Cóndor: Una Década de Terrorismo Internacional en el Cono Sur”, con quien Cristina compartió los hallazgos de la autopsia, le comentó que el caso presenta similitudes con el crimen -también ejecutado por la DINA- del diplomático español Carmelo Soria, en julio de 1976. En 2019 tras una tenaz lucha de Carmen, la hija de Soria, por justicia, fueron condenados apenas a 6 años, los ex jefes de la DINA Pedro Espinoza y Raúl Iturriaga Neumann. Habían transcurrido ya 43 años del crimen.

Concluye el mensaje de whatsapp de Cristina Lira: “El reloj de pulsera de Eugenio se paró el 8 de junio de 1975, a las 9.30 de la mañana, en París. ¡Increíble!”



Este artículo fue publicado por primera vez en  https://www.ciperchile.cl/2020/10/21/las-nuevas-incognitas-que-deja-la-operacion-colombo-la-fake-news-de-la-dina-de-1975/ . 


 





jueves, septiembre 24, 2020

Fake news del año 1975: la Operación Colombo

 El 22 de  de septiembre hicieron 46 años de la detención de M. Cristina López, y mañana 25 de septiembre conmemoramos también la fecha del secuestro de Mario Calderón, jóvenes de la resistencia a quienes la DINA desapareció en medio de una fake news del año 1975, la Operación Colombo. Fueron parte de la Lista de los 119, 19 mujeres y 100 compañeros secuestrados y desaparecidos por el terrorismo de Estado de la dictadura pinochetista.

viernes, junio 05, 2020

Carmen Castillo: Una revolucionaria de todos los tiempos



 


“Hay hombres [y mujeres] que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. 
Pero los hay que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles”.
Bertolt Brecht


CARMEN, 75 AÑOS

La cultura de izquierdas, tan litúrgica como la cristiana, tiende a conmemorar a sus referentes en los aniversarios de su fallecimiento. Esto se exacerba ante la violenta Latinoamérica del siglo XX, donde millares de militantes en nombre del socialismo y la emancipación perdieron sus vidas en “el largo y difícil camino de la revolución obrera y campesina”1. Sin embargo, al concentrarnos sólo en el último destello de rebeldía de estos dignos hombres y mujeres cargados de heroicidad, nos lleva a navegar por las tinieblas del culto a la muerte, que lamentablemente trae consigo nublar la riqueza de su praxis revolucionaria y, con ello, termina limitando el diálogo histórico y su recreación política en virtud de la construcción de un proyecto de transformación social.

Carmen Castillo Echeverría, creemos, es una de las sobreviviente más destacadas de la pléyade revolucionaria latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX y, en este mayo del 2020, el día 21 para ser exacto cumplió 75 años, de los cuales más de medio siglo se ha dedicado a luchar por las ideas de la transformación social desde las más diversas trincheras. Su perseverancia en las filas de los humildes de la tierra la vuelve una imprescindible digna de conocer en su integridad por las nuevas generaciones que hoy se alzan en Chile y el mundo contra el capital y sus injusticias. Esta breve semblanza más que un homenaje -que tienden a reducirse al mero reconocimiento del pasado- pretende ser una apuesta dialógica para pensar con ella los necesarios desafíos utópicos que depara un futuro que es hoy.

Este trabajo biográfico sobre Carmen con vocación de diálogo intergeneracional se construyó en base a su filmografía, bibliografía, entrevistas y literatura que colinda con su propia trayectoria. Como se darán cuenta al leerla, también es una invitación permanente a visitar sus películas y textos de corte autobiográfico, esto es, ir al encuentro directo con la escritora y cineasta, pero sobre todo, con la mujer militante, que hemos llamado la revolucionaria de todos los tiempos.


LA QUINTA MICHITA

Eran las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Paradojalmente, Carmen nació un día de festividades militares, un 21 de mayo, donde las y los chilenos conmemoran un combate naval. En Chile gobernaban los radicales en una extraña alianza con socialistas y comunistas, hasta que estos últimos fueron perseguidos y relegados por sus antiguos aliados a través del decreto de la “Ley Maldita”.

Desde la sangre materna, Carmen es descendiente de la historia de la elite intelectual chilena. Su bisabuelo, Eliodoro Yáñez, candidato a las presidencia de Chile en 1920, fue un destacado político y periodista, dueño y fundador del Diario La Nación. A causa del Golpe de Estado de 1927, perpetrado por el general Carlos Ibáñez del Campo, se le despojó del cargo de senador, expropiaron su periódico y fue desterrado del país, exiliándose con su esposa, hijos y nietos en París. Su abuela, María Flora Yáñez Bianchi, escritora, fue una de las precursoras de la literatura feminista. Su madre, Mónica Echeverría Yáñez (desde ahora doña Mónica) resumirá con su excepcional pluma que:
“La familia Yáñez, la impuesta por mi madre, fue siempre más cercana a nosotros. Los Echeverría, representaban el Chile aristocrático, católico y tradicional por muy excéntricos que fueran. Los Yáñez, liberales, y algunos socialistas o anarquistas, pertenecían al mundo de los intelectuales y artistas, varios de ellos sin Dios ni normas que los restringieran en sus arranques amorosos y en sus vuelos imaginativos”.2

Desde la ascendencia paterna, los Castillo son una familia más bien inclinada a la política. Su bisabuelo, Lindor Castillo Ramírez, fue un agricultor, abogado y diputado. Su abuelo, Eduardo Castillo Urizar, abogado, pero con inclinaciones poéticas, fue el Conservador de Bienes Raíces de Santiago. Su tío Eduardo Castillo Velasco, cuando Carmen nació, era el alcalde de la comuna Ñuñoa (que en aquella época incorporaba a la comuna de La Reina). Otro de sus tíos -el favorito, y quien la acercó a la política-, Jaime Castillo Velasco, fue el fundador e ideólogo de la Democracia Cristiana, ministro y parlamentario, y posteriormente luchador incansable por los Derechos Humanos. Podríamos decir que su padre, el arquitecto Fernando Castillo Velasco (desde ahora don Fernando), fue el menos político del clan Castillo, no obstante, en 1964 fue elegido el primer alcalde de la comuna de La Reina.

Doña Mónica y don Fernando se casaron en el otoño de 1944. Don Fernando nunca quiso dejar la tierra que lo vio nacer y al poco andar del matrimonio se mudaron a la casa de los Castillo. Su padre Eduardo, edificó con sus propias manos una casona colonial a principios del siglo XX en los faldeos de la Cordillera de Los Andes, parcela ubicada en la calle Simón Bolívar, la que llamaron Quinta Michita.

En su adorada Quinta Michita, don Fernando, el arquitecto incansable, en medio de una selva de árboles frutales construyó una casa de vidrio. En aquella fértil y húmeda tierra creció Carmen, jugando a la sombra de un viejo nogal, corriendo entre los senderos de cerezos, balanceándose en la hamaca del viejo sauce llorón y respirando el olor a flores de jazmines que nunca podrá olvidar. Un día en una de sus películas su padre le dirá: “Lo más hermoso del ser humano es parecerse a un árbol, que eche raíces, que conozca la tierra, que conozca un lugar, que conozca los seres vivos”3.

Los recuerdos de infancia de Carmen oscilan entre la forma y la palabra, entre la creatividad arquitectónica de su padre y la belleza literaria de su madre. Don Fernando, extiende sus planos y maquetas en la mesa. Doña Mónica y sus compañeras del Teatro Ictus se toman la casa para ensayar. Los libros invaden las paredes transparentes del hogar y, como si estuvieran en una revuelta social, no respetan las formalidades del orden temático. Anna Karénina de Tolstoi probablemente fue una de sus primeras lecturas. La mesa del hogar la remonta a su abuela y al revolver de la olla de adobe con manjar blanco, pero también, a la invasión permanente de amigos y parientes, políticos rupturistas y artistas bohemios, que con vehemencia disparan proclamas, ideas y sueños.

Para don Fernando la Quinta Michita siempre se proyectó como un ideal de “comunidad”, que para él significaba una vida colectiva como resistencia básica al salvaje modelo imperante. Consecuente, se propuso convertir el terreno de la Michita en un espacio comunitario, donde amigos cercanos pudieran construir sus hogares en solidaria comunión con el entorno. Será en los años dictatoriales cuando este sueño se concretó. Los intelectuales de la resistencia chilena, de Tomás Moulián a Julieta Kirkwood, coparon el espacio, y este terminó siendo “el refugio de sus sueños mutilados”4. Carmen no conoció esta historia, pues ya se encontraba muy lejos en otra de sus vidas impedida de volver al cobijo de sus raíces.

Carmen en la Quinta Michita y a través de su entorno afectivo creció en armonía con la naturaleza y bajo una riquísima multiplicidad de campos sociales: político, académico y artístico; en tiempos donde las fronteras disciplinarias no eran más que frágiles barreras imaginarias. Forjó un habitus intelectual del cual no se desprenderá en su andar, que potenció en ella un quehacer ecléctico que ha zigzagueado en su trayectoria entre la vocación por las investigaciones históricas, su necesidad de escritora, la sensibilidad cinematográfica, el accionar político y, todo esto, siempre envuelto en los pliegues del crisol de la militancia. Su ser “militante”, apostamos, está íntimamente vinculada a la idea de “comunidad” que heredó de su padre.


LA TERNURA DEL CHE GUEVARA

Quizás por el exilio francés de su bisabuelo Eliodoro extendido a la abuela Flora como a su madre doña Mónica o, tal vez, por la mera siutiquería de la aristocracia criolla que veía en la “Ciudad de la Luz” la aspiración máxima de asimilación, es que Carmen creció irradiada por la “alta” cultura francófona. Concordante con ello, ingresó en la educación secundaria a la “Alianza Francesa” y luego al Colegio conocido como las “Monjas Francesas”, establecimientos educacionales que hasta el día de hoy se reproduce en la élite chilena.

Será en el colegio donde conoce a sus grandes amigas de la vida y, reconocerá que junto a ellas, rasgará en algo con aquella timidez que tanto la caracterizó en la niñez. Pero será a los 14 años en los trabajos voluntarios de verano en comunidades campesinas pobres, en el encuentro con los que sufren y en la hermosa dialéctica de la alfabetización, es que se sentirá llamada por la causa de los “condenados de la tierra”. Carmen dirá “allí había una energía de vida para mí que me nutría”5. ¿Qué nutre el despertar político y social de Carmen? El Che Guevara decía que la cualidad más linda del revolucionario es sentir indignación frente a las injusticias.

Cuando Violeta Parra volvió a mediados de la década del 60, don Fernando -que ya era alcalde de la comuna de La Reina- le cedió un terreno para que pudiera montar una gran carpa que pretendía convertirse en el epicentro de la cultura popular chilena. Violeta allí cantaba en nombre de los harapientos y sentenciaba que “Chile limita en el centro de la injusticia”6. En su juventud Carmen tropieza con un país de miserias y desigualdades, en contraste profundo con sus propios privilegios de clase. Ella siente que su lugar es otro, y de seguro que es por ello que desecha seguir sus estudios universitarios en la eclesiástica y conservadora Universidad Católica, donde su padre luego se convertirá en el rector más emblemático de su historia. Bifurca y su opción es por la educación laica y pública, ingresando a estudiar en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. “Historia”, fue su elección y sus expectativas futuras estaban en el mundo académico.

Su vocación por la Historia se envolvía por aquellos días con la idea de que los pueblos sometidos del mundo estaban reescribiendo su propia Historia. En los pastosos campos del Pedagógico sólo se hablaba de las luchas de liberación nacional y, sobre todo, de las verde olivas hazañas de los guerrilleros cubanos. Es allí donde se enamora de un rebelde joven estudiante de sociología, Andrés Pascal Allende, con quien se casa y tendrán a su primera hija Camila; que sospechamos el nombre fue tomado del mítico comandante de la Revolución Cubana Camilo Cienfuegos. Doña Mónica recordará del matrimonio de su hija que “creo que esa fue la última fiesta que conviven amistosamente -como era costumbre en la era de la república- moros y cristianos”7.

Pero no será con Andrés Pascal Allende que Carmen se involucrará en la militancia política, sino a través de su prima, Tati Allende, la hija revolucionaria y predilecta de Salvador Allende. “Mis primeros pasos en el compromiso concreto los visualizo guiada por ella”, dirá, “tomada de su mano voy descubriendo, a mediados de los ٦٠, la esplendorosa cartografía de las luchas revolucionarias de nuestra América”8. Tati lideró la sección chilena del Ejército de Liberación Nacional (ELN) dirigido por el comandante Ernesto Guevara en las montañas bolivianas. Carmen la siguió en la senda guevarista.

Sólo eran cuatro las militantes de la sección chilena del ELN. Eran tiempos de abrigada fraternidad conspirativa. Una de las misiones de Carmen fue viajar clandestinamente a La Paz, Bolivia, donde tuvo que hacer un punto de contacto con el mando central de la guerrilla del Che que, por aquellos días, era liderada por Inti Peredo. Esa fue la primera vez que evadió la muerte, pues los esbirros bolivianos la asecharon sin suerte.

Carmen escribirá que “ser guevarista nos permitió sentir como propio todo sufrimiento, toda embestida a la dignidad humana, en cualquier lugar del mundo y en particular en América Latina”9. Al calor de una nueva ética militante se forjaba a la “mujer nueva”. Cuando llegó la noticia de la muerte del Che: Carmen y Tati se abrazaron, y sus lágrimas se juntaron, pero también juraron que la lucha debía continuar bajo el lema del “vencer o morir” por la Revolución Socialista. En esa proclama del comandante de sonrisa conmovedor, “hay que endurecerse sin perder la ternura”, creemos que bordó su uniforme de militante revolucionaria, pues si hay algo fácil de reconocer en ella es esa amalgama y falso oxímoron de tierna rebeldía.


LOS MIL DÍAS DE ALLENDE

Como si fuera una historia de realismo mágico, el año nuevo de 1970 en plena persecución represiva contra el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) por su política de asaltos a bancos, Tati Allende invitó a sus amigos los dirigentes miristas y sus familias a un lugar seguro para que pudieran compartir en paz las festividades de fin de año. Carmen ya había comenzado su militancia en el MIR. La casa pertenecía a la “Payita”, Miria Contreras, la más leal compañera que tuviera Salvador Allende. Carmen evocará que “Allende, la Payita y la Tati vinieron a visitarnos hacia las doce de la noche, humor, amistad, la tribu en todo su esplendor, en el que la generosidad de la Payita nos liga para siempre ´hasta que la muerte nos separe’ e incluso más allá”10. En esa época, también se terminará su matrimonio con Andrés Pascal.

“Mientras me arrastraba el viento de la revuelta”, dirá Carmen “en esos días me enamoraba, irremediablemente enamorada, del hombre de mi vida, Miguel Enríquez”11. Fue en el interregno que osciló entre el triunfo y la investidura de Salvador Allende como presidente de Chile. Miguel llegó una tarde a su casa en la Quinta Michita con su emblemática camisa azul entreabierta y un cúmulo de tareas militantes. De fondo sonaban boleros en el tocadiscos, y fue justo en la canción “te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiero te detengo” que se detuvieron todos los tiempos. Miguel nunca más se fue de su lado.

¡Qué lindo bolero! Muchos años después, Carmen rodará una de sus películas menos conocida y más hermosa de su repertorio cinematográfico: El bolero, una educación amorosa12La música está presente en todos sus films, pero más aún en su itinerario afectivo. Al igual que la militancia política, esta tonada tan latinoamericana le despierta “amor y pasión” y, en el hervor de la nostalgia, le ha permitido el retorno de todas sus vidas pasadas. Es un encuentro íntimo con su intensa historia que ha bifurcado y vuelto a empezar tantas veces.

A pesar de los intentos fascistas por boicotear el triunfo del pueblo, el 3 de noviembre de 1970 Salvador Allende asumió la presidencia de Chile. Tati Allende, convocó a su amiga Carmen para que trabajara junto a ella y al “compañero presidente” en La Moneda. Sus tareas serían de carácter diplomáticas, pero no en el sentido formal del ejercicio, sino en su significación internacionalista proletaria. Particularmente, se hizo cargo de recibir a los exiliados latinoamericanos que venían arrancado de los tentáculos de la muerte que se imponían a través de las dictaduras militares auspiciadas por el imperialismo norteamericano. Al primer revolucionario que le tocó recibir fue al francés Regis Debray, quien salió en libertad luego de un cautiverio de más de tres años en las cárceles bolivianas luego de haber sido capturado en la guerrilla del Che. Con Debray, aunque políticamente han tomado caminos dispares, mantienen un afectuoso vínculo que perdura hasta el día de hoy.

Su trabajo en La Moneda duró hasta que la pillaron reproduciendo en la fotocopiadora del Ministerio de Relaciones Exteriores el “Manual de Guerrilla Urbana” de los Tupamaros uruguayos. Es que tenía un pie en las tareas del gobierno popular y el otro en su militancia en el MIR. Como Tati Allende, en Carmen es un desafío calibrar el nivel de “afinidad electiva”13 que existe entre su allendismo y guevarismo, sobre todo, pensando en el daño que ha provocado la unívoca sentencia de Allende, expresión del reformismo, y Guevara, paladín de la revolución. En esta encrucijada, existen tantos pliegues como contradicciones fructíferas para retomar el pensamiento estratégico transformador en la actualidad.

Luego que finalizó sus labores en La Moneda Carmen se vincula académicamente a la Universidad Católica, donde asume tareas de docencia e investigación en el Centro de Investigaciones de Historia de América Latina. Políticamente, continuó con su trabajo en el equipo de informaciones del MIR y con Miguel se fueron a vivir juntos en una pequeña casa que se encontraba invadida por “los libros… lo único propio. Los había por doquier, montones y montones de libros en el suelo y en tablas sostenidas por tarros de conserva o columnas de ladrillos. No alcanzaban las paredes para alinearlos en ellas”. A esa guarida se mudaron junto a Bautista van Schouwen, el amigo de cadenas inquebrantable de Miguel desde la infancia. Eran tan fraternalmente complementarios dirá Carmen: “Miguel, el ‘sol rojo’, pero Bauchi era ajeno a la envidia y a la mezquindad”14. En esa casa triangularon una complicidad de acero, un compañerismo entendido como Bautista, es decir, “una etapa superior de la relación humana”.

Mucho se ha escrito sobre el gobierno de la Unidad Popular y la política del MIR en este periodo. Un océano bibliográfico, a veces falto de profundidad. Sin embargo, sólo nos queda destacar el protagonismo de los pobres del campo y la ciudad articulados mediante el despliegue del movimiento de masas y el poder popular. Si bien el golpe de Estado del 11 de septiembre truncó esta hermosa e inédita experiencia desde abajo, Carmen, medio siglo después, sigue apostando porfiadamente por los caminos de la autoemancipación del pueblo. Parafraseando a Marx: “la emancipación del pueblo debe ser obra del mismo pueblo”.


CALLE SANTA FE Y EL SOPLO DE LA MEMORIA

En medio del bombardeo a La Moneda Salvador Allende le envió a Miguel Enríquez un mensaje a través de Tati Allende: “Ahora es tu turno Miguel”; luego se suicidó, pues su dignidad le impidió rendirse y entregarse ante los traidores militares que días antes le habían jurado lealtad. Su muerte significa el fin del proyecto de vía pacífica al socialismo con vino tinto y empanadas. Y consecuente con su trayectoria y pensamiento, no estuvo dispuesto a partir al asilo, tampoco, a dirigir la resistencia desde un sector popular de Santiago como se lo había propuesto el MIR.
Frente a la desazón de la izquierda chilena ante el Golpe de Estado, la dirección del MIR impulsó la política de “El MIR no se asila”. Ninguno de sus militantes podía salir del país, y la orden partidaria fue sumergirse en la clandestinidad, resistir la ofensiva fascista y preparar las condiciones para derrotar a la dictadura. Mientras las embajadas colapsaban frente al derecho al asilo, las y los miristas replegaron a sus casas de seguridad con un relativo orden. La experiencia de la primera clandestinidad en el gobierno de Eduardo Frei Montalva los había fogueado en el arte del camuflaje. Miguel y Carmen, se mantuvieron juntos.

La sanguinaria máquina de la muerte de la dictadura se activó el mismo 11 de septiembre y, su objetivo represivo central, fue capturar a los principales dirigentes de la izquierda chilena, entre ellos, Miguel y Bautista. Sus caras aparecían en las portadas de los periódicos como los más buscados. La segunda semana de diciembre de 1973 Bauchi pasó por la casa de seguridad de Carmen y Miguel, quienes le pidieron que se quedara para su resguardo, pero él, pensando en la seguridad de todos decidió partir en busca de un nuevo refugio. La noticia de su detención no tardó en llegar. Torturado, enterrado y exhumado por los esbirros de Pinochet, hasta el día de hoy es un detenido desaparecido. Era el único que sabía dónde se escondían Carmen y Miguel, guardó silencio, murió, para que sus amigos siguieran viviendo. Al cumplirse 45 años de su asesinato, Carmen escribió en conjunto con otras plumas un libro colectivo en su memoria que evoca sobre todo la costumbre de la dignidad15.
Luego de la desaparición de Bautista, Carmen y Miguel se mudaron a una casa azul ubicada en la calle Santa Fe, en el sector sur de Santiago. La desolación por Bauchi sólo fue aplacada en algo con la noticia del embarazo de Carmen. Se anunciaba un niño, que llamaban con cariño Bauchita. Pasaban los meses y la policía política de la dictadura buscaba sin descanso el paradero del hombre más buscado de Chile. Y fue el 5 de octubre que llegaron, como perros hambrientos sedientos de muerte. Miguel y Carmen combatieron incansablemente por el derecho a seguir viviendo. Porque sobre todas las cosas, amaban la vida. Miguel partió. Carmen quedó gravemente herida.
Para conocer lo que ocurrió el 5 de octubre en calle Santa Fe se pueden remitir al artículo de Gabriel García Márquez: El combate en que murió Miguel Enríquez, durante la dictadura chilena16; pero sobre todo al hermoso libro que nos legó Carmen, Un día de octubre en Santiago17, obra que estremece por su sensibilidad revolucionaria. Es un tributo a la vida colectiva y militante y sus sueños, sin embargo, también es el triste ocaso de una de sus vidas:

La Catita murió [Carmen]. La asesinaron el sábado 5 de octubre de 1974, al lado de él, en ese patio de tierra suelta, cerca de la artesa (…) La sangre de Miguel corre y levanta suaves olas en polvo. Y en esa sangre la Catita se va. Ya se ha ido, es una mancha rojiza y la tierra se la traga y se la lleva hacia adentro. Masa de tierra, tierra hasta el fondo de la tierra, seca. Dicen que se hizo polvo. La Catita ha muerto y nadie puede ocupar su lugar.18

Gracias a la presión internacional y las gestiones de su tío el abogado de derechos humanos Jaime Castillo Velasco, Carmen no fue asesinada como acostumbraban los aparatos represivos de Pinochet. Moribunda por la granada que le explotó a su sombra, la dictadura a regañadientes la expulsó del país. Partió a Inglaterra a reencontrarse con su familia, y fue en esa tierra lejana donde la tragedia inmediatamente se volvió a presentar: el hijo que esperaba con Miguel quedó dañado en el enfrentamiento del 5 de octubre; no sobrevivió al odio de los vencedores. De esta forma comenzó su vida de apátrida, de ciudadana de un mundo sin límites ni fronteras.

En su documental Desterria, un país llamado exilio19, basado en un reencuentro en tierra mexicana con su hija Camila y nieta Leyla, Carmen se pregunta por los caminos del exilio y, su desenlace, aquel retorno definitivo a la patria querida. Nunca más volvió del todo ¿Por qué? El país que dejó a la fuerza se había ido más lejos que ella.

Corrían los 30 años de la muerte de Miguel y en Chile se realizaron variadas actividades en su nombre. Esta conmemoración, como pocas logró imponerse ante el sectarismo de las y los “revolucionarios” chilenos. Carmen participó activamente en este esfuerzo articulando una serie de políticos e intelectuales de la izquierda mundial, desde Regis Debray al Subcomandante Marcos, quienes enviaron sus saludos de homenaje. El Estadio Víctor Jara se rebasó y las y los asistentes pudieron escuchar con emoción a Pablo Milanés y su canción dedicada a Miguel: “Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada…”. En aquellas jornadas a Carmen también se le vio tras el lente de la cámara tomando las últimas imágenes del documental más extenso e importante de su filmografía: Calle Santa Fe20.

El historiador de las ideas Enzo Traverso en su reciente libro Melancolías de Izquierda21, en el análisis de Calle Santa Fe dirá que en este documental Carmen “cristaliza la memoria” al retratar a Miguel no como un ícono para el culto y la veneración, sino como un legado político vivo que se recrea en las nuevas luchas de la juventud chilena y latinoamericana. Según Michael Löwy, “las páginas que consagra Enzo Traverso a esta película figuran entre las más logradas del libro”22Calle Santa Fe: ¡es una revuelta de las temporalidades históricas!

Cuando se presentó el documental Calle Santa Fe en París, el filósofo revolucionario Daniel Bensaïd dijo sobre Miguel “parece que quieren, tantos años después, asesinar la memoria después de haber asesinado los hombres. Es como si los vencedores no pudieran dormir tranquilos, como si no estuvieron tan seguros de su victoria”23. El 5 de octubre vuelve una y otra vez para incomodar a los vencedores y su victoria pasajera, y Carmen se adueña de este “recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro”24. Para ella, el viento de la memoria (frase que utiliza en un pasaje de la película) es una subversión contra el “tiempo-ahora” para convertirlo en un tiempo estratégico y así dinamizar el arte de la política emancipadora.


LA APUESTA MELANCÓLICA

Desde que la expulsaron de Chile, y tras la pérdida de su hijo a quien llamó Miguel Ángel, Carmen no tuvo tiempo para llorar a sus muertos. En enero de 1975 se presentó “incandescente y combativa” –dirá su amigo Regis Debray quien la acompañó– ante el Tribunal Russel en Bruselas para denunciar los sangrientos crímenes de la dictadura político-militar chilena. Seguidamente, el partido tenía una nueva misión para ella y esta era ser el rostro de los miristas frente a la solidaridad internacional. Ciudad tras ciudad, mitin tras mitin, evadiendo la inevitable angustiosa memoria, sin darse cuenta terminó por convertirse en la viuda del héroe. Se preguntaba “¿cómo de ser la compañera invisible de Miguel pasé a ser su representante ‘oficial’?”

Fue en un viaje a La Habana donde la inteligencia cubana en conjunto con la dirección del MIR decidieron que ella debía vivir en el epicentro de la revolución latinoamericana, en el hermoso Caribe rojinegro; sin embargo, para ese entonces los soviéticos ya se encontraban instalados en Cuba como si estuvieran en la Plaza Roja de Moscú. Tati Allende, su amiga entrañable, compañera eterna de sueños, la instó a partir de la isla y, en su calidad de principal figura articuladora de las izquierdas en el exilio, convenció a quien se cruzó en su camino para que Carmen pudiera marcharse tan lejos como fuera necesario. Ese fue el último encuentro de las guevaristas chilenas, pues Tati al poco tiempo decidió partir aún más allá, allá donde el retorno es sólo memoria. Se suicidó.
Familiarizada con la cultura francófona y su idioma, se instaló en Francia. Pensó en retomar sus labores como investigadora en alguna universidad, pero estas ya se habían copado de académicos chilenos mientras ella se encontraba en la clandestinidad y luego en las tareas de solidaridad internacional. Ella piensa que fue para mejor. Sin la calidad de refugiada política, comenzó a trabajar en una boutique ubicada en el barrio Les Halles, frente a la Iglesia de San Eustaquio, donde entre otras cosas vendían bicicletas chinas. En el silencio del anonimato comenzaba a morirse poco a poco la viuda del héroe.

Se envolvió del campo intelectual parisino, siempre desde la izquierda heterodoxa. A la boutique llegaba para conversar con ella el filósofo Gilles Deleuze, quien le enseñó a “experimentar el exilio, como quien experimenta las diferentes edades de la vida”25. A veces a Deleuze lo acompañaba su amigo el filósofo y psicoanalista Félix Guattari, quien fue de gran apoyo terapéutico para Carmen. Pero será como en su juventud, a través de la fuerza de las mujeres, en su encuentro con el feminismo radical, lo que la lleva a romper definitivamente con su rol de portavoz del héroe. Las feministas la emplazan a recuperar la existencia, extirpar la culpa e, incluso, el derecho a volver a bailar.

En esos años también conoció a Daniel Bensaïd, otrora dirigente estudiantil del “mayo del 68” y referente de la izquierda radical francesa. Para Carmen, Bensaïd rápidamente se volvió su “cómplice político y un apoyo indispensable”. Es así como lo presenta en Aún estamos vivos26, película que le dedicó, y que dirá que está “centrada en el compromiso político, no el de nuestra juventud, sino el del presente”27. ¿Qué es el tiempo presente para Carmen? Creemos que para ella es un espacio de “apuesta” por seguir luchando, donde se dinamiza la dialéctica entre pasado y futuro, derrota y esperanza, experiencia y horizonte, dicho en clave de subversión, es una “apuesta melancólica” que oscila entre la memoria y la revolución.

Un buen amigo de Bensaïd y Carmen, Michael Löwy, nos dirá que “la apuesta melancólica nos ofrece una nueva mirada sobre la esperanza, una esperanza que nos ayuda a restablecer la circulación entre la memoria del pasado y la apertura hacia el futuro”28. Carmen por su lado nos día que “el deseo de la subversión, de la desobediencia, no puede surgir sólo, tiene que surgir del deseo de la memoria, del pasado”, agregando que “ya no tenemos la certezas del ayer, pero en la incertidumbre, en la apuesta melancólica de la acción presente están viviendo, moviéndose, aquellos que ya no están. De eso estoy convencida”29.

LA HISTORIA DE LAS Y LOS VENCIDOS

El año 2011, al calor de las movilizaciones estudiantiles chilenas, Carmen estrenó el documental Víctor Serge. Vivencias de un revolucionario31. Aquí relatará que su primer encuentro con el inquebrantable Víctor Serge, revolucionario libertario, tan internacionalista como apátrida, fue en la casa azul de calle Santa Fe donde en una vieja maleta encontró sus libros reposando en medio de fusiles y municiones. Serge ya había muerto hace un cuarto de siglo en el destierro mexicano, pero allí estaban sus Memorias de un revolucionario y El año I de la revolución que, Miguel, quien más que Miguel, en su voracidad enciclopédica sobre la Revolución Bolchevique tiene que haberlos seleccionado para que los acompañara en la lucha clandestina.

Si en la oscura noche dictatorial leerlo reafirmaba el compromiso a no someterse jamás ante la maquinaria de la muerte, en el exilio, Carmen se reencontró con Víctor Serge el intelectual revolucionario, el escritor militante, quien le abrió la necesidad de dar testimonio de lo vivido, es decir, de la vida colectiva desde la historia de las y los vencidos. En el entretiempo de su trabajo como vendedora en la boutique parisina, y acompañada con el eco de los pájaros sueltos que silban en algún rincón de la tienda, comienza su vida de escritora en pequeños cuadernos que comienzan a inmortalizar su memoria. Sus recuerdos se expresan en francés, y años después dirá que “tal vez porque necesitaba de una lengua extranjera para soportar la memoria de los ausentes”32.

Se llamó Un día de octubre en Santiago, y por su título pareciera sólo ser el último enfrentamiento que llevó a la muerte a Miguel. No lo es. La intención de su autora no es dar cuenta de aquel combate que Gabriel García Márquez ya había cargado de heroicidad33, sino plasmar las sutilezas de la vida militante, pues hasta el día de hoy sigue insistiendo que “no conmemoremos la muerte, no recordemos sólo el sentido heroico de ese acto. Miguel Enríquez, un revolucionario, amaba la vida, la vida lo amó”34. Es un libro de fraternidad revolucionaria y “Carmen narra desde la forzada compartimentación de los clandestinos”, dirá su amigo cubano Fernando Martínez Heredia, “paradoja de soledades de los que han forjado la más hermosa hermandad”35.

En 1979 cuando Carmen terminó de escribir Un día de octubre en Santiago, como buena escritora militante, le hizo llegar un primer borrador a la dirección del MIR para sus comentarios y aprobación. En una carta que guarda hasta el día de hoy, la respuesta fue desgarradora: “Este libro no puede ser publicado ya que atenta contra la moral de Miguel, del MIR y de la revolución chilena”. Todo lo que había escrito con tanto rigor, ternura y sensibilidad revolucionaria era cuestionado desde una ilógica jerarquía. Fue un duro golpe para ella36.

En el mundo de las y los vencidos aparece la sombra de nuevos vencedores, que administran el castigo sin contemplación e intentan monopolizar la historia de las derrotas. Al igual que Víctor Serge que siguió escribiendo en la URSS bajo la amenaza del propio Stalin, quien luego lo apresó, Carmen se enfrentó a la coerción de las leyes de las purgas en nombre del santífico socialismo. Exigió su derecho a disentir y su libro se terminó por publicar en 1980, tristemente para ella, bajo la mirada enjuiciadora de compañeros que se acogían en aquella época a la falsa disciplina militante que emanaba desde el poder partidario. Posiblemente no la expulsaron porque cómo se iba a expulsar a la viuda del héroe que ellos mismos habían ayudado a erigir.

Gracias a su coraje, Un día de octubre en Santiago, hoy lo podemos considerar un texto fundante de la nueva literatura revolucionaria latinoamericana, quebrando así con los esquemas literarios oficialistas de la hagiografía comunista. Todo aquel que quiera escribir en nuestro continente una historia a contrapelo, desde la vereda de las y los vencidos, debe detenerse en este libro a captar la fibra de humanidad hecha palabra que enuncia Carmen y que uno también puede ver en cada una de sus películas.


CINE Y MILITANCIA

No tenemos idea cómo fue el encuentro entre Carmen y Pierre Devert, director y productor de cine francés, quien se convertiría en el padre de sus hijos Diego y Tomás. Lo que sí sabemos es que fue Pierre quien la acercó al cine documental al invitarla a participar del proyecto cinematográfico Los Muros de Santiago. Sin embargo, será su amiga Sylvie Blum quien la acompañará en su proceso formativo y con ella irá a codirigir su primera película: Estado de Guerra en Nicaragua; Carmen contará que “fuimos con Sylvie a intentar ver cómo se generaba la imagen dominante que pasaba en las televisiones americana y francesa sobre una guerra invisible, que era la contrarrevolución en Nicaragua”37.

A principios de los 80 el proceso sandinista en Nicaragua y las guerrillas centroamericanas revitalizaron el compromiso revolucionario en América Latina, pero mientras más avanzaba la década, ya se comenzaba a sentir entre las militancias críticas el rocío del viento de contrarrevolución mundial. Muchos vieron la oportunidad de arrancar de la derrota. Carmen, no, a contrapelo de la incertidumbre reafirmó su compromiso con las y los vencidos y su historia y encontró en el cine -es correcto decir también que el cine la encontró a ella- un camino de ruptura y continuidad con el quehacer revolucionario.

Carmen encontró en el oficio de hacer películas un “nosotros” palpable. La escritura, aunque siempre es un ejercicio dialógico, desde el frente de la memoria sobre todo con los que ya no están, siempre está impregnada de la soledad y su desgarrador silencio inspirador. El cine es todo lo contrario, dirá Carmen “un encuentro con lo colectivo”, declarando que “la riqueza que me aporta [el trabajo colectivo] me permite bifurcar, encontrar, pensar, durante el tiempo de preparación y de rodaje, cosas que es imposible que hubiera encontrado sola”38. Es como si para ella rodar fuera un reencuentro con la porfía del ser militante ¿Una nueva forma de militar?

Cuba en debate39, fue una de las últimas películas de Carmen, donde se sumerge en la realidad y desafíos actuales del pueblo cubano tras la partida de Fidel Castro. Conversando con la joven documentalista cubana Carla Valdés León, asistente de dirección de este documental, ella nos dirá que “una de las cosas que me quedan de trabajar con Carmen y su cine es como ella ha sabido poner la piel, los sueños, los compromisos, no como personaje, sino como esencia misma de sus películas, es decir, su cine es como un viacrucis donde ella va pasando con sus miedos y esperanzas, pero sobre todo, con sus compromisos militantes”. Carla nos recalcará que si bien el cine de Carmen parte de ella misma este termina diluyéndose siempre en lo colectivo, cuestión esencial del cine militante y comprometido40.

“La batalla por la memoria”, para Carmen, “es la batalla por visibilizar los invisibles”41 ¿Los invisibles del ayer? También los del tiempo presente, y en la construcción cinematográfica eso se traduce en una lucha contra la hegemonía de la banalización televisiva. Carmen conoce muy bien a Gramsci y la apuesta contrahegemónica, por ello no es de extrañar que se vincule y se sienta parte de la “Escuela Popular de Cine”, proyecto comunitario instalado en La Pintana. Es ahí, en la comuna más estigmatizada y marginalizada del país, en el corazón del campo popular chileno (y el llamado a construir poder popular), donde contribuye a la construcción de una alternativa de las y los subalternos. En la Escuela “cada película en proceso cuenta crudamente una realidad que nunca vemos en la televisión”, dirá, y “me sorprende siempre cómo allí emerge cristalinamente la legitimidad de las luchas que dimos en el pasado”42 ¡Qué melancolía más subversiva la de Carmen!
Posiblemente la última intervención de Carmen -la militante del cine- fue en el marco del XXIV Festival de Cine Social y Antisocial (FECISO), el 14 de diciembre de 2019, donde al dirigirse a los jóvenes cineastas que se encontraban registrando la revuelta social chilena, les dirá: “Ya nada será como ayer y todo lo que vendrá va a depender de nosotros. De nuestra capacidad de organizarnos, de hacer realidad los sueños y de comprobar intentando un camino. Entender, comprender, dialogar, discutir, debatir, liberar la palabra…”43.

Por último, hay algo que marca el cine de Carmen y que no lo podemos dejar pasar. En su documental Inca de Oro44, que es el nombre de un perdido pueblo minero en medio del desierto de Atacama, uno se pregunta sobre su cine político: ¿Cuál es el objetivo de filmar un lugar que se apaga ante la nostalgia de un pasado pujante de riquezas? Allí, en el entrecruce de dos mundos, entre el extractivismo transnacional que avanza y el oficio pirquinero que resiste, pensamos que Carmen encuentra una idea de “comunidad” que la debe remontar a su padre y al latir de la militancia revolucionaria. Esta búsqueda de nuevos saberes comunitarios, la lleva a recorrer desde el Río Bravo al Río Biobío, entre territorio zapatista y mapuche, cruzando el campo liberado de los Sin Tierra en Brasil y trepando el altiplano indígena boliviano; terrenos insolentes, que se palpan en varias de sus películas.


TRAIDORES Y CONVERSOS

En el documental Hoy y no mañana (2018) dirigido por Josefina Larraín – y donde Carmen Castillo participó como “asesora de guión”- nos remonta al olvidado papel que tuvieron las mujeres en la lucha contra la tiranía de Pinochet. La primera protagonista en aparecer en esta película no podía ser otra que doña Mónica, a quien se le muestra en una grabación abogando y presionando a la dictadura por el retorno de su hija después de un largo exilio de 13 años. Y así volvió Carmen un invierno de 1987, y las imágenes de su aterrizaje en Chile y el emotivo reencuentro con su familia quedaron inmortalizadas por las cámaras de televisión. Si bien este primer regreso fue un salvoconducto de 15 días para ver a su padre que se encontraba enfermo, estuvo cargado de simbolismo político, pues este permiso se le arrebató al tirano gracias a una activa campaña de solidaridad.

Con el regreso a la “democracia” chilena en 1990, Carmen comenzó a ir y venir de París a Santiago, sin embargo, confesará que en sus retornos “sólo veo militares y traidores y la resignación de la gente que pasa. El asco me atraganta”45. Lejos, muy lejos se había ido la tierra que la vio nacer, soñar y luchar. Ya no era su país, nada se encontraba en su lugar y la amnesia había suplantado al porvenir. Pero en cada reencuentro la fuerza de la melancolía la envuelve, y si bien dirá “primero quisiera matar a los criminales, ignorar a los renegados”, su eterno compromiso con la transformación del mundo la hace pensar en “que el viento sople, arrase con los miedos y levante los deseos de cambio (una vez más los jóvenes, los indios, los pobres)”46.

En 1993 Carmen regresa con cámara en mano con una idea clara: reconstruir el hilo represivo que concatenó aquel fatídico 5 de octubre de 1974. De esta forma surge su reconocido y premiado documental La Flaca Alejandra. Vidas y muertes de una mujer47, que se centra en la historia de Marcia Merino, ex militante del MIR hasta el día que se convirtió en colaboradora de la policía secreta de Pinochet. Mucho se ha escrito y dicho de esta obra en cuanto a la Flaca Alejandra como “leyenda, el símbolo de la traición”, no obstante, creo que la película también nos lleva a otra dimensión que nos ayuda a delinear la semblanza rebelde de Carmen. Obstinada, a lo largo del documental Carmen busca conversar con el coronel Miguel Krassnoff (lideró el operativo militar del 5 de octubre y se auto reivindica como el hombre que asesinó a Miguel), a pesar que por esos días no dejaba de recibir amenazas e insultos “anónimos”. Insistió en enfrentarse cara a cara con Krassnoff, cerebro operativo de la represión dictatorial, quien, para esa fecha aún se encontraba en el alto poder militar como jefe superior del ejército en el sur de Chile. Vaya “democracia” la chilena. Con plena impunidad, el “valiente” soldado que administró la salvaje maquinaria del exterminio no se atrevió a tal encuentro.

El tiempo “vacío y homogéneo” que se impuso en los años 90 con la globalización neoliberal, bifurcó en el amanecer de 1994 en el sureste de México al alzarse en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Su carismático portavoz, el Subcomandante Insurgente Marcos, atrapó las miradas y esperanzas del mundo subalterno. Evadiendo a traidores y conversos en Chile, Carmen se sintió llamada por el grito de dignidad de las y los zapatistas que volvieron a sublevar las viejas palabras de “justicia, libertad y democracia”. Partió a Chiapas a encontrarse y dialogar con su líder, surgiendo de este encuentro la película La verdadera historia del Subcomandante Marcos48, que creemos es el material audiovisual más clarificador que existe de la historia de los orígenes del EZLN. Si bien Carmen nunca ha compartido el imaginario zapatista impuesto desde afuera de “cambiar el mundo sin tomarse el poder”, posiblemente su vinculación con esta organización que llamó a re-imaginarlo todo fue más estrecha de lo que conocemos ¿Adhirió/militó en este proyecto?
Seguimos en los claroscuros años 90, y Pinochet en Chile ya había entregado la banda presidencial no así el poder y la jefatura máxima del ejército. Peor aún, su espuria Constitución seguía (sigue, pero está por caer) rigiendo la vida de las y los chilenos. Los “valientes soldados” torturadores, violadores y asesinos caminaban al ritmo de la impunidad de una “democracia” que había pactado olvidar. Un sociólogo de moda de aquel tiempo escribió que en la transición el olvido fue la etapa superior del consenso49.

¿Consenso? Y ahí vienen los traidores. Viejos compañeros que pactaron con los militares el regreso a la “democracia”, a cambio, de cambiarlo todo para que nada cambiará. De afinar lo que el martiniqués Aimé Césaire llamó la “máquina del olvido”. Olvidar a nuestros muertos y sus sueños, al precio de escalar en las esferas del poder hasta volverse lacayos del todopoderoso empresariado. En una entrevista Carmen dirá “Cuando tomo la palabra trato de hacerlo desde mis mundos. Allí es inimaginable que alguno de nosotros vaya a pedirle plata a un empresario. No hay relación entre el mundo popular, los colectivos que allí se organizan y trabajan, con el mundo de los de arriba, los del poder económico”50. A estos inescrupulosos sin memoria doña Mónica en su hermoso libro ¡Háganme Callar!51 los bautizó como los conversos.


EL ÁNGEL DE LAS BARRICADAS

2019, y es octubre. Como todos los años, Carmen organiza sus compromisos laborales, políticos y familiares en París para regresar a Santiago. Son días donde se cristaliza la memoria. Siempre vuelve en silencio a la casa azul de calle Santa Fe. Los auto proclamados “legatarios” de Miguel, diseminados por la derrota y el sectarismo, organizan actividades -rituales en su nombre que compiten entre ellas- y, que de tanto “armar al héroe” (cosificarlo), terminan desarmando su pensamiento revolucionario. Cuánta razón tiene el amigo de Carmen, el filósofo cubano Félix Valdés, cuando dice que “silenciamos también cuando banalizamos, trivializamos y vaciamos de contenido exacto el pasado”52. Todos los grupos quieren contar con su presencia, como si su palabra fuera la única legítima en medio del derrotero de desconfianzas de una organización que se destripó por dentro. Asiste a las actividades que puede, y siempre intenta dejar un mensaje que contribuya en clave estratégica a las luchas del pueblo.

El sábado 5 de octubre, justo a 45 años de la caída en combate de Miguel, se presentó el texto El libro nuestro de Miguel53. Esta actividad se realizó en Villa Grimaldi, otrora centro clandestino de tortura de la dictadura chilena. Allí Carmen, cargando con el peso de sus compañeros y compañeras desaparecidos en ese lugar, hizo alusión al “ángel de las barricadas”, que es un reapropiación crítica de su amigo el filósofo argentino Diego Taitán de la idea del “ángel de la historia” de Walter Benjamín. Citando a Taitán dirá:

“El ángel de la barricada es diferente del ángel de la historia: no tiene su rostro vuelto hacia el pasado, ni las alas desplegadas por la tempestad del progreso, ni la expresión desencajada por la ruina y por la muerte que se acumulan a sus pies. El ángel de la barricada revoca las soledades que la adversidad destina a los rebeldes -aunque tal vez no su vida breve- y establece una comunidad ubicua entre los vivos, los muertos y los no nacidos”54.

El “ángel de la barricada” para Carmen es un reencuentro con la fraternidad, que acoge con rebeldía al campo popular y a los militantes que no han dejado de luchar a pesar de las hostiles penumbras que ha impuesto la larga noche neoliberal. Evoca esperanza en la derrota para convertirla en sabiduría de la acción. Reivindica el derecho a la unidad y a disentir en la otredad, con la misma fuerza que convoca a reinventar los caminos del socialismo55. Como buena benjaminiana, sus ideas se sostienen en la confianza disruptiva de la falsa linealidad del progreso y en la fe irrestricta que en el estallido de la historia las y los subalternos decidan bifurcar y romper con el orden dominante. Quienes estaban en Villa Grimaldi ese 5 de octubre, la quieren, respetan y le creen, pero posiblemente después de 17 años de dictadura y 30 años de consenso neoliberal les costó enfocar el trastocado horizonte de la emancipación ¡A quién no!

El 18 de octubre de 2019 en Chile estalló el continuum de la historia. Si bien hace días las y los estudiantes secundarios lo venían prologando, la ruptura con la violenta “normalidad” neoliberal llegó al compás de las revoluciones: de sopetón. La pólvora ya se encontraba seca. Al llegar la noche, en cada esquina las barricadas comenzaron a iluminar un camino de insolencia social y popular que se convirtió en una revuelta en nombre del pueblo y su dignidad. A pesar de la brutal represión, el derecho a la sublevación se instaló como una comunidad que insubordinó al tiempo y al espacio. La poesía se hizo multitud. Las murallas no han dejado de hablar y la principal consigna del movimiento ha sido “Que la dignidad se haga costumbre”; aunque pocos lo saben, es el título de una canción dedicada por el cantautor popular Patricio Manns a Bautista van Schouwen ¿Qué pensará Carmen del regreso de su gran amigo Bauchi?

“Me he deslizado entonces, día tras día, de un lugar a otro, junto a la gente, rodeada de jóvenes, ocupando las calles, las plazas…”56, dirá en una entrevista Carmen. La noche de año nuevo se llamó a una gran concentración en “Plaza de la Dignidad”. Entre la música jolgoriosa y el calor de las barricadas, se le vio caminar. Viejos compañeros la reconocieron, mientras que la amplia rebelde juventud la acogía como una más. Es una militante de la revuelta. Su preocupación está en el futuro que es hoy, sobre todo, en el despliegue de las asambleas populares y ciudadanas auto-convocadas (poder popular).

La historia de la revuelta -a pesar de la crisis sanitaria en curso- se sigue escribiendo al pulso de la construcción de la ciudad futura, pero también, bajo el permanente garrote represivo que hoy contabiliza 34 muertos y más de 2,500 presos políticos. Una joven que lleva más de 4 meses prisionera, Paula Cisterna, en una carta de su puño y letra desde la “Cárcel Santiago 1”, escribió: “de verdad que necesito que se haga mucha presión desde afuera para poder recuperar pronto nuestra libertad”57. Estremecida por su clamor de libertad, Carmen no tardó en contestarle: “Me inclino agradecida ante tu presencia activa y alegre, digna y grave, en los inicios de nuestra rebelión. El octubre chileno, la comunidad de los sin comunidad, permanece y continua inventando caminos en este presente sombrío. Tu ser frágil resiste, tu cuerpo adolorido emite un gemido y nuestra ira crece y crece ante tanta crueldad”. Y se despide con un “hasta pronto en la Plaza Dignidad, querida Paula”58.

75 años cumple Carmen, y ya no están muchos de las y los compañeros que la han escoltado en su transitar rebelde. Algunos partieron hace muchos años, como Miguel, Bauchi y tantos otros que lucharon sin cuartel por la revolución latinoamericana. El 2013 se fue el amor de toda su vida, don Fernando, su padre. Sus amigos franceses Delueze, Guattari y Bensaïd también ya no están. La lista es interminable y las llagas de las pérdidas se siguen acumulando. En este enero, doña Mónica se despidió del mundo con un parche en el ojo en homenaje a las víctimas oculares de la revuelta chilena en curso. La misa íntima de despedida estuvo a cargo del cura obrero Mariano Puga, quien hace poco había dicho “el pueblo tiene derecho a destruirlo todo porque todo le han destruido”. Él también partió.

Hoy Carmen se queda acompañada de la razón histórica, es decir, la historia le dio la razón en días donde la lucha del pueblo nuevamente se volvió costumbre; pues, nunca se separó del lado correcto de la historia, aunque su militancia en la vereda de las y los vencidos la arrastró a caminar por un desierto arenoso donde no llegaban las prebendas de los todopoderosos. Esto, la convierte en una “imprescindible” a juicio de Bertolt Brecht y que nosotros le llamamos una revolucionaria de todos los tiempos. Una revolucionaria que hoy representa la fusión de la temporalidad histórica, la revuelta dialéctica entre el pasado, presente y, sobre todo, la apuesta por un futuro socialista y libertario.



NOTAS
* Un avance de este trabajo se presentó en la “III Escuela de posgrado de CLACSO: Paradigmas críticos de la emancipación en el Caribe y América Latina – Revolución y memoria” realizada en la ciudad de La Habana entre los días 21 y 25 de octubre de 2019. Asimismo, es el puntapié inicial de un proyecto de mayor envergadura impulsado por Grupos de Pensamiento Crítico y Memoria Histórica (GPM) para rescatar las obras y legado de Carmen Castillo.
** marcoantonioalvarezvergara@gmail.com
1 Frase de Miguel Enríquez. En discurso de 24 de enero de 1973.
2 Echeverría, Mónica y Carmen Castillo, Santiago – París. El vuelo de la memoria, Santiago: Editorial LOM, 2002, p. 17.
3 Castillo, Carmen, “El país de mi padre”, 2004. Ver: https://vimeo.com/215692029
4 Garate, Manuel, La Quinta Michita (1964-1983): de la Reforma Universitaria a una vida en comunidad (Chile), 2008.
5 Castillo, Carmen, entrevista con Vivian Lavín, programa “Vuelan las Plumas” emitido por la Radio Universidad de Chile el 27 de abril de 2017.
6 Escuchar la canción de Violeta Parra “Al centro de la injusticia”.
7 Echeverría, Mónica y Carmen Castillo, Santiago – París. El vuelo de la memoria, Santiago: Editorial LOM, 2002 p. 64.
8 Castillo, Carmen, Prólogo a la edición chilena del libro “Tati Allende. Una revolucionaria olvidada”, p. 11-12.
9 Ibídem.
10 Echeverría, Mónica y Carmen Castillo, Santiago – París. El vuelo de la memoria, Santiago: Editorial LOM, 2002, pp. 118 – 119.
11 Ibídem, p. 121.
12 Castillo, Carmen, “El Bolero, una educación amorosa”, ver: https://vimeo.com/365819264
13 Para introducirse en la categoría de “afinidad electiva”, ver el primer capítulo del libro de Michael Löwy Redención y utopía. El judaísmo libertario en Europa central. Un estudio de la afinidad electiva.
14 Castillo, Carmen, “Bautista van Schouwen. El tiempo de la fraternidad”, pp. 119-132. En Álvarez Vergara, Marco. Bautista van Schouwen. Que la dignidad se haga costumbre, Santiago: Editorial Pehuén, 2018.
15 Bautista van Schouwen. Que la dignidad se haga costumbre, Santiago: Editorial Pehuén, 2018.
16 García Márquez, Gabriel, “El combate en que murió Miguel Enríquez, durante la dictadura chilena”. Puede ser consultado en múltiples páginas en internet.
17 Castillo, Carmen, Un día de octubre en Santiago, Santiago: Editorial LOM, 2013, p. 104.
18 Ibídem, p. 104.
19 Castillo, Carmen, “Desterria, un país llamado exilio”,… Ver: https://vimeo.com/213908936
20 Castillo, Carmen, “Calle Santa Fe”, 2007. Ver: https://vimeo.com/365791864
21 Traverso, Enzo, Melancolía de izquierdas. Marxismo, historia y memoria, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2019.
22 Löwy, Michael, reseña de “Melancolía de izquierdas…”. Extraído: Revista Viento Sur.
23 Bensaïd, Daniel, “Rue Santa Fe: forces de vie”, París, 6 de diciembre de 2007.
24 Benjamín, Walter, Sexta tesis de las “Tesis de filosofía de la historia”.
25 Castillo, Carmen, entrevista con la Universidad de Girona, 2015.
26 Castillo, Carmen, “Aún estamos vivos”, 2014. Ver: https://vimeo.com/218666363
27 Castillo, Carmen, “Los crepúsculos nunca vencerán a las auroras”, introducción a la edición cubana de Un día de octubre en Santiago, La Habana, Ediciones ICAIC, 2014, P. 24.
28 Lowy, Michael, “La herejía comunista de Daniel Bensaïd”. Consultado de www.vientosur.info
29 Castillo, Carmen, entrevista con la Universidad de Girona, 2015.
30 Bensaid, Daniel, Una lenta impaciencia.
31 Castillo, Carmen, “Víctor Serge. Vivencias de un revolucionario”, 2011. Ver: https://vimeo.com/215355564
32 Castillo, Carmen, Prólogo a la edición mexicana de Un día de octubre en Santiago, 1982.
33 García Márquez, Gabriel, “El combate que murió Miguel Enríquez, durante la dictadura chilena”. Puede ser consultado en múltiples páginas en internet.
34 Castillo, Carmen, Prólogo a la edición chilena de Un día de octubre en Santiago, p.8.
35 Martínez Heredia, Fernand.o “Miguel apunta al futuro”, prólogo a la edición cubana de Un día de octubre en Santiago, La Habana, 2014, pp. 3-4.
36 Si bien Carmen en varias ocasiones ha mencionado esta historia, en la entrevista que le realizó la Universidad de Girona en 2015, creemos que expresa con mayor nitidez el dolor que le causó esta censura.
37 Castillo, Carmen, “Ahí vamos”, entrevista con Miguel Carmona y Nicolás Slachevsky, Revista CARCAJ, 20 de agosto de 2016.
38 Ibídem.
39 Castillo, Carmen, “Cuba en debate”, 2017. Ver: https://vimeo.com/217039114
40 Valdés León, Carla, conversación telefónica, abril de 2020.
41 Ibíd.
42 Castillo, Carmen, entrevista con Alejandra Carmona López, El Mostrador, 21 de septiembre de 2016.
43 Castillo, Carmen, Palabras en el Festival de Cine Social y Antisocial (FECISO), 14 de diciembre de 2019. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=3JW2X6Sq9OI
44 Castillo, Carmen y Sylvie Blum, “Inca de Oro”, 1996. Ver: https://vimeo.com/215365038
45 Frase pronunciada en el documental “Calle Santa Fe”.
46 Echeverría, Mónica y Carmen Castillo, “Santiago – París. El vuelo de la memoria”, Santiago: Editorial LOM, 2002, p. 10.
47 Castillo, Carmen y Guy Girard, “La Flaca Alejandra. Vidas y muertes de una mujer”, 1993. Ver: https://vimeo.com/215707959
48 Castillo, Carmen, “La verdadera historia del Subcomandante Marcos”, 1995. Ver: https://vimeo.com/217107692
49 Moulián, Tomás, Chile actual: anatomía de un mito, Santiago: LOM Ediciones, 1997.
50 Castillo, Carmen, entrevista con Alejandra Carmona López, El Mostrador, 21 de septiembre de 2016.
51 Echeverría, Mónica, “Háganme callar!”, Santiago: Ceibo Ediciones, 2016.
52 Valdés, Félix, “El ángel de la revolución caribeña y latinoamericana”, Buenos Aires: CLACSO, 2019, p.79.
53 El libro nuestro de Miguel es un libro colectivo editado por la Editorial La Estaca. Carmen contribuyó con un artículo.
54 El texto de Diego Taitán, “El ángel de la barricada. Apunte sobre la memoria de las rebeliones” se puede consultar en la página web www.revistaharoldo.com.ar
55 Para una interpretación directa de su discurso, ver: https://www.youtube.com/watch?v=Kv2D6BogChw
56 Castillo, Carmen, “El tiempo de la igualdad es el presente”, entrevista con Evelyn Erlij y Jennifer Abate, Palabra Púbica, Universidad de Chile, noviembre de 2019.
57 Esta carta es de abril de 2020. Puede ser encontrada en varias páginas de internet.
58 Castillo, Carmen, “Carta a Paula Cisterna, presa política en Chile”, abril de 2020.
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