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martes, septiembre 13, 2011

Yo Acepto (El contrato)



Este es el texto que nos leyó en el bus 506 este 11 de septiembre, un estudiante anónimo...historia que relaté en el artículo anterior de este blog. Un lector de El Ciudadano, que publicó mi artículo, posteó este link para permitirnos compartirlo.

domingo, septiembre 11, 2011

Marchamos el 11 sin los compañeros desterrados


Este 11 de septiembre del 2011 marchamos como cada año hacia el Cementerio General de Santiago, esta vez apoyando especialmente la campaña contra el destierro de ex luchadores de la resistencia antidictatorial, impedidos de retornar a Chile por sentencias judiciales que fueron parte de la mal llamada transición a la democracia. Un lienzo gigante daba cuenta de esa demanda por el derecho a “vivir, luchar y morir en nuestro país”, cuando se cumplen ya 19 años de su extrañamiento.
Además de las organizaciones de derechos humanos y de colectivos feministas, anarquistas, migrantes, minorías sexuales, de la Comisión Etica Contra La Tortura, y de la memoria, entre otros, las columnas eran mayoritariamente del partido comunista y juventudes comunistas, y no hubo una presencia estudiantil/social importante, con la excepción de estudiantes y apoderados del Liceo de Aplicación cuya presencia le dio otro ritmo a ese sector de la marcha.
El lienzo del colectivo 119 que recuerda a los compañeros desaparecidos en el montaje mediático armado por la DINA en los años 74/75 y los clásicos letreros con el nombre de los y las compañeros ejecutados nos remitían a la justicia pendiente, a la verdad escamoteada, al rol de los medios de comunicación en el ocultamiento de los crímenes de la dictadura. Imposible no contrastar el silencio habitual de los medios sobre nuestros desaparecidos y ejecutados, respecto a estas pérdidas que permanecen grabadas en el inconsciente colectivo, con la operación salvataje de su prestigio desarrollada en estos días por Televisión Nacional instrumentando en su favor el legítimo dolor de muchos chilenos y chilenas por la tragedia de Juan Fernández. TVN prolonga el duelo porque ello le ayuda a subir su rating pero ese juego “en vivo y directo” resulta más impúdico en un día como hoy cuando recordamos a aquellos y aquellas que nunca estuvieron en los titulares de los medios oficiales salvo para llamarlos “terroristas” como hicieron por ejemplo cuando Augusto Carmona, destacado periodista de tv y dirigente del MIR fue asesinado por la espalda al entrar a su casa, en diciembre de 1977.
La convocatoria a esta marcha no tuvo resonancia en el movimiento estudiantil y social más amplio. Entre las excepciones estaba una joven mamá que llevaba a su niño en la mochila con un cartel en la espalda: "por mi futuro, educación de calidad". Unos pocos lienzos conectaban la manifestación con el clima de lucha que ha abierto en días previos las grandes alamedas, y en esas otras marchas un festivo Allende era representado por un humorista en medio del derroche de creatividad y valentía juvenil. Este divorcio aparente entre una vertiente política tradicional y la lucha social no es nuevo, sin embargo constituye un llamado a la reflexión sobre la impronta de las movilizaciones y el nuevo carácter del movimiento social estudiantil, más allá del liderazgo de algunos de sus destacados dirigentes.
El estudiante del bus 506
Pero al regreso, el discurso de un estudiante que subió al bus 506 (Peñalolén) me permitió completar el círculo Memoria/Lucha Social. De alrededor de 16 años, flaco y solo, con un mechón rebelde en la frente, se paró apoyando su mochila en una parte del bus y comenzó a leernos con voz fuerte y clara un texto llamado “Acepto”, de unas 3 páginas. Al principio pensé que iba a pedir cooperación para una toma. El texto era una cruda descripción de la realidad que vivimos hoy en Chile y el mundo: acepto endeudarme hasta que muera para sacar un título y algún día comprarme un auto, acepto tener un gobierno que tome decisiones por mí para que yo no tenga que pensar, acepto que lleguen a mi país los que se roban nuestras semillas para llenarnos de transgénicos, acepto que haya partidos de derecha e izquierda que peleen entre sí para hacernos creer que pueden cambiar las cosas, acepto que las grandes potencias armen guerras para darle una salida a la industria de armamentos
La gente lo miraba asombrada, y yo, sonriente y emocionada, pensando en todos los años de silencio y pasividad que marcaron a generaciones de chilenos después del golpe militar, y recordando lo que los más jóvenes han hecho en los últimos meses. Concluyó mirándonos desde sus ojos claros, diciendo que le hacía sentido ese escrito y por eso lo leía, porque ya estaba bueno de aceptar todo aquello y era hora de empezar a cambiarlo todo, y que si alguien quería decir algo, por favor lo hiciera. Lo felicité y le agradecí por lo que los jóvenes están haciendo por Chile.
Y regresé contenta de no haberme quedado en casa este 11 de septiembre.

viernes, septiembre 11, 2009

El 11 de septiembre chileno, 36 años después


Por Jorge Luna (*)

Santiago de Chile, (PL) Divididos por las elecciones presidenciales de diciembre, los chilenos recuerdan de distintas maneras el Golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el Presidente constitucional Salvador Allende en 1973.
A 39 años del bombardeo del Palacio de La Moneda, la interrupción de un proceso democrático popular y el inició de un represivo régimen militar que duró 17 años, este es el tercer aniversario en un "Chile sin Pinochet", fallecido el 2006.
El recuerdo -y el significado de ese episodio histórico para Chile y la región- varían no sólo según el prisma político con que se mire, sino también de acuerdo a la generación de chilenos post-dictadura a que se pertenece.
Estudios académicos señalan una gran variedad de visiones sobre el 11 de septiembre de 1973 chileno y el paso del tiempo, en algunos casos, ha contribuido al olvido, mientras que en otros ha servido para fortalecer la memoria y la renovada búsqueda de la justicia.
Prensa Latina recogió testimonios inéditos de cuatro chilenos de distintas edades pero que, además de sobrevivir el 11 de septiembre, comparten el difícil ejercicio del periodismo comprometido con la verdad.
Los cuatro son renuentes a hablar en primera persona, pero en esta ocasión aportaron breves versiones de sus dramáticas vivencias personales sobre el "día del golpe", fecha en que culminó una vasta y prolongada conspiración nacional e internacional contra el Gobierno Popular de Allende.

Marcelo Castillo

Marcelo Castillo es hoy el director del periódico La Nación, con amplia experiencia en varios medios chilenos y extranjeros. Pero, ese 11 de septiembre, con 16 años de edad, cursaba tercer año de enseñanza media en el Liceo Manuel de Salas y militaba en la Juventud Socialista.
Aunque nunca vio un fusil, integró un grupo con "preparación militar básica en el partido, pero solamente teórica", dijo al señalar que en una asamblea "propusimos entregar algunas nociones básicas de formación militar. Quiénes siempre habían sido reacios a esa idea, esta vez aceptaron".
Pero, cuando salimos al patio, ya había helicópteros artillados sobrevolando, apuntó Castillo, uno de los encargados de comunicaciones de los Comités de Defensa del Gobierno Popular en las escuelas de la capitalina comuna de Ñuñoa.
Hizo un recorrido por los colegios y por el Pedagógico de la Universidad de Chile, que estaba rodeado de fuerzas militares: "Fuimos a dos liceos, el Veinte y el Siete, que permanecían tomados igual que el nuestro".
Me detuve unos momentos en la casa de mi novia de entonces y, desde el tejado de su casa, presencié a lo lejos el bombardeo a La Moneda, agregó Castillo, quien -pese a todo- confiaba en que "fuerzas militares democráticas estarían de nuestro lado para enfrentar a los golpistas".
Al regresar a su escuela y ver que la mayoría de sus compañeros se había ido, Castillo -junto a otro estudiante conocido como "Pato"- partió hacia una "casa de seguridad" con unas botellas de ácido sulfúrico que sacaron de los laboratorios de química.
Pero, al poco andar, un grupo de civiles armados nos detuvo, nos subieron a un automóvil y, luego, nos entregaron a una patrulla militar, que nos llevó al Regimiento de Telecomunicaciones del Ejército, donde fuimos interrogados con simulacros de fusilamiento y golpes, subrayó Castillo.
Finalmente, los dos estudiantes, junto a otros tres prisioneros, fueron entregados a Carabineros, quienes los recibieron con una pateadura, según relató Castillo. "En esa Comisaría llegaríamos a ser alrededor de 60 los detenidos, todos en tres o cuatro celdas que habitualmente no albergan a más de dos o tres personas".
Sentimos las balaceras durante toda la noche. Llegaron algunos compañeros muy heridos, a los que nadie se atrevió a hablar, dijo Castillo, hasta que el día 13 el nuevo régimen levantó el toque de queda y, junto al Pato, fue liberado. "Pasamos a engrosar las filas de la resistencia en la clandestinidad", concluyó.

Lucía Sepúlveda

Por su parte, Lucía Sepúlveda, quien tenía entonces 27 años y tres meses de embarazo, aseguró que su "falta concreta de memoria está asociada al trauma", aunque aportó valiosos recuerdos de esa jornada junto a su compañero, el conocido periodista Augusto "Pelao" Carmona, con quien intentó llegar hasta La Moneda.
No pudimos llegar a reportar y tuvimos que irnos a la revista Punto Final, pero allí no había nadie. Entonces, nos unimos a los corresponsales de Prensa Latina, cuya oficina estaba en igual piso del mismo edificio de Punto Final y muy cerca del palacio de Gobierno.
Ella, reportera de la Televisión Nacional, y él, de Radio Nacional, emisora del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), buscaban allí noticias sobre los violentos acontecimientos.
"Todo el horror se concentró en esas horas y ese día, que recuerdo como el más largo de mi vida", señaló Lucía.
Allí pudo escuchar varios "bandos militares", citando a políticos y periodistas conocidos a presentarse en el Ministerio de Defensa. También pudo escuchar el sobrevuelo de los Hawker Hunter disparando contra el cercano palacio de Gobierno.
"Cuando el entonces director de Prensa Latina, Jorge Timossi, nos informó -tras un contacto telefónico con alguien en La Moneda- que el periodista Augusto Olivares, amigo y asesor de Allende, se había suicidado, el dolor y el espanto me sobrecogieron", reconoció.
De Prensa Latina, caminamos a nuestro departamento de Calle Cóndor, pasando entre grupos de soldados y detenidos, entre tanques, muertos y personas deambulando como autómatas con ojos colmados de miedo y desesperación, agregó.
Después de ese día -aseguró- no fuimos más que miembros de la resistencia: "Para el "Pelao", el periodismo quedó atrás para siempre. Fue asesinado por la dictadura el 7 de diciembre de 1977".

Eduardo Contreras

Eduardo Contreras fue el primer abogado en presentar una querella judicial contra el dictador Augusto Pinochet y es conocido por su defensa de los derechos humanos y todas las causas justas. Es, además, dirigente del Partido Comunista de Chile y un destacado columnista del semanario El Siglo y otros medios.
En 1973, con 33 años de edad, Contreras era diputado comunista por la zona de Chillán, donde nació, y donde el régimen militar cometió muchos crímenes de lesa humanidad.
La noche antes del golpe, regresaba a Chillán -donde antes había sido alcalde- junto al diputado socialista Rogelio de la Fuente, luego de cumplir varias actividades con campesinos y obreros, "preparando el apoyo al plebiscito al que convocaría el Presidente", relató.
Pese al cansancio, dijo, decidimos partir de inmediato de Chillán a Santiago, pues el martes 11 en el palacio de La Moneda Allende nos entregaría los lineamientos generales de la consulta popular para que los parlamentarios fuéramos sus voceros.
Tras sortear registros policiales por la Ley de Control de Armas durante la noche, amanecieron en Santiago pero, como el vehículo no tenía radio, no se enteraron de que el golpe ya había empezado, "hasta que algunos civiles nos detuvieron para prevenirnos a pocas cuadras del palacio presidencial. Era imposible continuar".
Cada uno partió entonces a los lugares asignados previamente por el Partido: yo fui a una fábrica donde escuchamos el último discurso de Allende y nos enteramos de su muerte. No había condición alguna para combatir, recordó Contreras.
Aunque mi primer impulso fue tratar de regresar a Chillán, la compañera "Amanda", responsable política de la fábrica, me aconsejó esperar. Le debo la vida, rememoró.
En Chillán, militares y carabineros asesinaron a los dirigentes de la izquierda, dijo al admitir que se salvó en esa ocasión por haber viajado a la reunión con Allende.
Luego, vendría la clandestinidad y, más tarde, el asilo: Panamá en el 74, Cuba desde el 75, México desde el 78. Tras el exilio, regresó "a la misma lucha, los mismos sueños, aunque en condiciones más duras". Contreras subrayó, sin embargo, que mantiene "la misma confianza en la victoria".

Manuel Cabieses

El periodista y escritor Manuel Cabieses es conocido, entre otras cosas, por haber logrado mantener en circulación la revista de izquierda Punto Final desde 1965, salvo los 16 años de clausura durante la dictadura militar.
El también dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fue detenido dos días después del golpe, sufrió prisión en los campos de detención de Chacabuco, Puchuncaví y Tres Álamos. Luego, vivió en Cuba y, más tarde, regresó clandestinamente a Chile.
Entre otros éxitos periodísticos, Punto Final publicó, como primicia mundial, el "Diario del Che en Bolivia".
Pero, también, el 11 de septiembre de 1973, alcanzó a estar -por pocas horas- en kioscos una edición especial, cuya portada señalaba: "Soldado: la patria es la clase obrera".
El golpe se esperaba hacía semanas, cuando se rebeló un regimiento de blindados en Santiago. Sin embargo, la tensión fue convirtiéndose en adormecedora esperanza en que la habilidad de Allende -fogueada en larga experiencia parlamentaria- derrotaría la conspiración, recordó Cabieses, quien entonces tenía 40 años de edad.
En esos días, Cabieses trabajaba también como reportero del vespertino "Noticias de Ultima Hora", del Partido Socialista -ubicado a cinco cuadras de La Moneda-, adonde se dirigió temprano el día del golpe.
Mi mujer salió hacia el consultorio donde trabajaba como enfermera. Mis tres hijos se fueron a sus colegios. El transporte público funcionaba con normalidad y la ciudad se veía tranquila. En un kiosco de periódicos vi la edición del día de Punto Final, contó.
Relató que "ya habían llegado algunos compañeros al diario, escuchaban la radio y comenzaban a organizar el trabajo. Hablamos de sacar una edición de emergencia, como hicimos el 29 de junio cuando el alzamiento de los blindados".
Más adelante, precisó: "Nos repartimos las tareas, uno iría a La Moneda, otro al Ministerio de Defensa, aquel a la Central Única de Trabajadores, a mí me correspondía el Congreso Nacional para buscar declaraciones de parlamentarios y partidos políticos".
Pero, al comunicarse con la imprenta Horizonte, del Partido Comunista, donde se imprimía el vespertino, "tuvimos el primer acercamiento a la realidad, pues los compañeros estaban mejor informados que nosotros y nos hicieron ver la ingenuidad de nuestros propósitos".
El también presidente del sindicato explicó que "de todos modos, decidimos permanecer en el diario por si más tarde se podía sacar una edición especial llamando al pueblo a resistir el golpe".
"Desde la terraza del edificio vimos a los Hawker Hunter bombardear La Moneda. En una radio a pilas oímos el último mensaje de Allende. Lo que sucedía no lo podíamos creer", afirmó.
Las columnas de humo se elevaban del palacio en llamas. El histórico símbolo de un país "diferente", se convertía en la imagen fantasmagórica y trágica del final de una época, opinó y agregó que "comenzaba una nueva historia que no ha concluido".
(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en Chile.

viernes, septiembre 12, 2008

11 de septiembre, cuatro fechas y cuatro pueblos


Para los chilenos el 11 de septiembre es y siempre será el día que marcó el fin de la democracia en Chile por la vía del golpe militar contra el compañero Presidente, Salvador Allende.
Para los mapuche con memoria - según me entero hoy a través de una denuncia de la Coordinación de organizaciones autónomas mapuche de Santiago - "fue un día 11 de septiembre -de 1541- cuando Michimalonco comenzó la guerra contra los opresores colonialistas que se han llamado a sí mismos "conquistadores"!".
Para los cubanos, el 11 de septiembre de 1980 es también el día en que Félix García Rodríguez, el representante del gobierno de Fidel ante Naciones Unidas fue asesinado en Nueva York por Pedro Remón,un sicario de la gusanera de Miami.
Para los norteamericanos,el "9/11" (como lo denominan ellos, "Nine/eleventh) quedará en sus retinas como el trágico día en que cayeron las Torres gemelas llevándose consigo a miles de sus compatriotas y marcando el inicio de la hipócrita "guerra contra el terrorismo" implementada por Bush para seguir expandiendo el imperio del terrorismo.

Cierto, ayer hubo ceremonias solemnes en La Moneda, homenajes en diversos lugares y violencia policial y juvenil en las calles. En Temuco a la hora en que la Presidenta Bachelet recordaba a Allende, los comuneros mapuche de Yeupeko Vilcún vívían un nuevo allanamiento. Así lo denunció en un comunicado fechado el 11, la Coordinación de Organizaciones Autónomas Mapuche de Santiago. Señalan ellos: "EXACTAMENTE A ESTA HORA, CUANDO EL GOBIERNO CONCERTACIONISTA DICE HONRAR AL PRESIDENTE QUE MURIÓ defendiendo un proyecto social popular y democrático, SUS ESBIRROS POLICIALES ALLANAN BRUTALMENTE A NUESTRA GENTE DEL LOF YEUPEKO-VILCÚN, DONDE FUERA ASESINADO MATÍAS Catrileo, un crimen todavía impune.
Informan que desde las 13 horas del jueves 11, cerca de veinte camionetas, micros, tanquetas, y 400 efectivos "están dispersos por los campos de Yeupeko, rastreando y persiguiendo a comuneros. Los dirigentes mapuche intentaron huir en un auto que fue bloqueado por personal civil en un vehículo sin patente. Los civiles chocaron intencionalmente el auto de los comuneros dejando a uno de ellos herido. Un segundo dirigente, salió del auto escapando por los campos y siendo perseguido por los civiles que le dispararon con armamento, al parecer, de 9 milímetros. Se sabe que el dirigente que huye, hasta el momento, está ileso de este nuevo intento de asesinato de un comunero mapuche."

De acuerdo a los antecedentes entregados en el comunicado, esas comunidades de Yeupeko (en la comuna de Vilcún, unos 30 kilómetros al este de la ciudad de Temuco) iniciaron en 2001 un proceso de recuperación territorial en zonas que la terrateniente familia Luschinger -admiradora de la dictadura y militante de la UDI- considera "su propiedad", y el 18 de agosto llevaron a cabo una acción reivindicativa contra el fundo Santa Margarita.
En Yeupeko, fue donde el cabo de Carabineros Walter Ramírez –libre actualmente-, secundado por otros criminales, asesinó a Matías el 3 de enero del 2008. De esa comunidad es miembro también Roberto Painemil quien fue torturado por personal policial y paramilitares permaneciendo encarcelado por más de un año y medio en Lautaro y absuelto finalmente del cargo de incendiar maquinaria de la Forestal Mininco en el juicio oral que tuvo lugar en Temuco en junio, donde fue defendido por el ex juez Juan Guzmán y abogados del Partido Humanista. En el mes de julio fuesecuestrado otro dirigente de la comunidad, el cual también fue torturado por personal de carabineros de Padre las Casas, dejandolo alrededor de las 4 de la madrugada en los alrededores de Lautaro, de donde se dirigió a constatar lesiones. En la salida del hospital de Temuco, carabineros los esperaba, arrebatándole el parte policial.
Así mismo, en Enero de este año, luego del asesinato de Catrileo, varias comunidades del Lof fueron brutalmente allanadas por Carabineros de Chile, quienes atacaron a niños muy pequeños que se encontraban durmiendo, golpearon con puños y culatas a adolescentes, mujeres, hombres y ancianos, destrozando viviendas y sembrados, utilizando el modelo de allanamiento heredado de la dictadura pinochetista que lo usaba contra los miles de mujeres y hombres que en las poblaciones resistían a la dictadura.
La denuncia de las organizaciones Agrupación mapuche Kilapan, Consejo Mapuche Pikunche, y Jvfken Mapu concluye recordando: "¡No olviden señores del Gobierno chileno que también fue un día 11 de septiembre -1541- cuando Michimalonco comenzó la guerra contra los opresores colonialistas que se han llamado a sí mismos "conquistadores"! ¡No nos han "conquistado", ni españoles ni chilenos, muy por el contrario seguimos resistiendo!"