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lunes, abril 14, 2014

El triunfo de la vida ayer en el Memorial: palabras de Germán Berger



Palabras de Germán, hijo de Carlos Berger y Carmen Hertz, ayer en el Memorial, sepultando a su padre asesinado en 1973.
Bertolt Brecht escribió
“íbamos cambiando de país como de zapatos, desesperados cuando en alguna parte solo había injusticia, pero no indignación. También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Ustedes, sin embargo, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, piensen en nosotros con indulgencia”
Y así es, la voz se nos ha puesto ronca, desesperados e indignados seguimos hoy frente a la impunidad y la ignominia que ha campeado en nuestro querido país. Hemos lidiado contra la ira, contra la soledad de la pérdida. La indignación y las convicciones nos han mantenido en pie, algunos han podido incluso luchar gracias a ella, otros hemos tratado solo de sobrevivir.
Querida familia, queridos Petxis, Mama eterna luchadora, hijitas mías, Elsita, Ricardo, Vivi, Jorge, Manuel, tíos, primos, queridos Sadá… Amigos todos, hermanos de ruta, esos que forman parte de la familia electiva que la vida suele darnos.. En este día, donde estamos homenajeando a mi padre asesinado, quiero dar las gracias por acompañarnos hoy aquí, gracias por acompañarnos siempre y ser tan indulgentes con nosotros…
Mi tio Eduardo me dijo una vez que si hubiésemos tenido un cuerpo, si hubiésemos podido enterrarlo, quizás habríamos podido hablar más de la muerte de Carlos…pero nunca lo hicimos y el silencio se impuso entre nosotros. El presente y el pasado de mi familia se partieron ahí, con la devastadora muerte de mi padre…y el futuro ya no volvería a ser el mismo para ninguno de nosotros. Su muerte y la desaparición de su cuerpo nos dejó un dolor seco, incapaz de ser expresado, un dolor casi prohibido…fue como si toda su existencia nunca hubiese existido, la pena era oculta, cada uno cargaba con su propio dolor. Lamento que Eduardo ya no esté con nosotros para participar de esta ceremonia.
Querido viejo,
Es extraño estar hoy aquí .., enterrando unos restos que el desierto nos devolvió de tu cuerpo, es difícil porque el horror de tu crimen y la angustia de saberte desaparecido ya son heridas indelebles en nuestras almas...
Pero aquí estamos y estaremos siempre, una y otra vez. Aquí está tu familia, aquí están tus amigos, aquí están los familiares que siguen buscando, aquí están también las almas de tus compañeros asesinados, aquí esta parte de ese país que alguna vez soñaste con cambiar… Aquí estamos todos, celebrando tu ceremonia 40 años después de tu muerte..
Recuerdo que cuando era niño soñaba casi todas las noches que tu regresabas, que habías estado escondido y volvías a nuestro lado.. Me explicabas cosas, escuchaba tu voz por primera vez, acariciaba tu rostro por primera vez y sentía tus labios en mis mejillas por primera vez…las fantasías inundaban mi mente y mi cuerpo de niño. La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos.. intentar recordar es tan desesperante como intentar recuperar un sueño que nos ha dejado una sensación, pero ninguna imagen, una historia sin historia, vacía, de la que queda solamente un vago estado de ánimo… Las imágenes se han perdido.. Los años, las palabras, los juegos, las caricias se han borrado, y sin embargo, de repente repasando el pasado, algo vuelve a iluminarse en la obscura región del olvido. Casi siempre se trata de una esperanza mezclada con alegría, y casi siempre está la cara de mi papa, tu cara, pegada a la mía. Como la sombra que arrastramos o que nos arrastra…
Fue difícil todo, tolerar mi innata mezquindad y conducirla por causes menos dañinos, aprender a contener mi sed de venganza, no es que a uno le enseñen a ser bueno, sino que le enseñan a no ser malo… Nunca me he sentido bueno, pero debo reconocer que gracias a la benéfica influencia de mi papa, he podido ser un malo que no ejerce, un cobarde que se sobrepone con esfuerzo a su cobardía y un avaro que domina su avaricia…y lo más importante, si hay algo de felicidad en mi vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me comporto o trato de comportarme de una manera decente y mas o menos normal, si no soy un antisocial y he soportado suicidios, penas, muertes violentas y todavía sigo siendo pacifico, creo que fue simplemente porque mi padre era Carlos Berger Guralnik.
Yo quise a mi papa con locura, con un amor que nunca volví a sentir hasta que nacieron mis hijas. Cuando nacieron ellas lo reconocí, porque es un amor muy parecido en intensidad, aunque distinto, y en cierto sentido opuesto. Yo sentía que a mi nada me podía pasar si estaba con mi papa, aunque fuera de aquella manera onírica. Y siento que a mis hijas nada les puede pasar si están conmigo… Todo esto es una cosa muy primitiva, ancestral, que se siente en lo más hondo de la conciencia, en un sitio anterior al pensamiento…
Hoy es un día de homenaje, este funeral es una fiesta de la memoria… la tristeza nos embargará siempre y nunca será suficiente.. Sin embargo debemos levantarnos y ser capaces de reír, de amar y de bailar…… Hoy es un día donde la memoria triunfa por un instante, porque nos atrevemos a recordar, porque pensamos en lo mucho que hemos sufrido, porque soñamos otra vez con un país mas justo, más inclusivo.. Porque incluso por instantes somos capaces de luchar por ello… Hoy es la fiesta de mi padre, de todos los compañeros y compañeras asesinadas, hoy es la fiesta de mi patria, de mi pueblo… de un país que se levanta y es capaz de soñar…
Y para terminar quiero decir que la historia es triste pero no desesperada…
Ahora tengo 41 años y acompañado por mi esposa Elsa y mis hijas Greta y Amalia luchamos por hacer una vida nueva, sana, limpia de rencores y de odio, no queremos eternizar el luto, No tratamos el tema como una tragedia…la tragedia de muchos, la tragedia de un pueblo. Estamos hoy aquí para contarles a nuestras hijas de donde ellas vienen, quienes eran y cómo fueron sus ancestros… No hay tono quejumbroso, no se busca provocar el llanto, solo quiero que mis hijas conozcan esa parte de la saga de su familia…del país.
Hijas mías, vuestro padre desea que se coman la vida, que no sufran…, ustedes asoman al mundo repartiendo alegría, encarnan la esperanza de una vida nueva… ustedes representan el triunfo de la vida…
Y como dijo el poeta, por amor a la memoria llevaré siempre sobre mi cara la cara de mi padre…

sábado, noviembre 13, 2010

Ricardo Pincheira - "Máximo"- en el Memorial, 37 años después

(en la foto su compañera, Livia Sepúlveda, y a la derecha, su hijo, Máximo Pincheira el día del funeral)
Desde septiembre pasado, en el Memorial al Detenido Desaparecido descansan también los restos de seis héroes de La Moneda recientemente re-identificados por el Servicio Médico Legal. Un homenaje a su memoria se llevó a cabo en esa oportunidad después que los restos de Ricardo Pincheira (“Máximo”, socialista) y del doctor Enrique Paris (militante comunista) hicieran un alto a modo de despedida frente al Monumento al Presidente Salvador Allende. Les acompañaron sus familiares, junto a miembros sobrevivientes del dispositivo de seguridad que protegía al Presidente Salvador Allende (popularmente conocidos como GAP), organizaciones de derechos humanos y militantes de izquierda.

Luego de extensos análisis de ADN a los familiares y a cerca de 500 piezas óseas -fragmentos de cráneo, de extremidades y dientes- encontradas en una fosa militar del Fuerte Arteaga, en Peldehue, las pericias dictaminaron que esos restos correspondían a los siguientes compañeros de La Moneda: Ricardo Pincheira Núñez (Máximo), asesor de la presidencia, 28 años; Enrique Paris Roa, médico y asesor de la presidencia, 40 años; Óscar Avilés Cofré, GAP, 28 años, Manuel Castro Zamorano (Víctor) GAP, 23 años; Jaime Sotelo Ojeda (Carlos) GAP, 33 años; Luis Rodríguez Riquelme (Mauricio), GAP, 26 años.

“Máximo”, militante socialista, era el jefe del aparato de seguridad del Presidente Allende, tarea en la que era secundado, entre otros, por Arnoldo Camú, Tati (Beatriz) Allende, y Renato Moreau, y trabajaba en coordinación con otro equipo que conformaba el Centro Nacional de Opinión Pública dirigido por Félix Huerta. Juntos proveían al Presidente de la información necesaria, que tenía el carácter de contrainteligencia, proveída por el equipo de Máximo, y a la que se agregaba el análisis de la información de prensa que era la tarea desarrollada por Huerta. Estos grupos de trabajo se caracterizaban por su lealtad extrema y estrecha cercanía con Salvador Allende, y por los lazos de amistad entre los integrantes.

Recuerda Livia Sepúlveda, compañera del socialista: “Después del tancazo del 29 de junio, Máximo entregó al Presidente Allende un completo y detallado informe del trabajo y los contactos de la CIA en el Ejército chileno. El Presidente entregó el dossier al jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército de la época, en presencia de un asombrado Máximo. Me comentó entonces Máximo que él sabía que con eso estaba sellada su suerte, pero él estaría siempre con Allende. De ese incidente da cuenta también el general Prats en sus memorias”. Continúa Livia: “El formó parte de un grupo de hombres que combatió heroicamente en contra del Golpe del Estado fascista, defendiendo al gobierno constitucional, dando una lección de valor, lealtad y dignidad. Con este acto reflejaron su consecuencia con los compromisos asumidos con el presidente y su pueblo, con el estado de derecho, y con una democracia popular. Los asesores y los miembros del GAP resistieron heroicamente, junto al presidente Salvador Allende, en esas fatídicas horas, entregando sus vidas en la defensa de los sueños y la esperanza de un pueblo que quería un Chile más justo.”

MIEMBRO DEL ELN

El mayor de tres hermanos, Ricardo provenía de una familia de ideas demócrata cristianas; su padre, Artidoro Pincheira era alto funcionario de la Contraloría y su madre, Teresa Núñez, había sido directora del Liceo 7 de Niñas. Máximo se ligó a la izquierda cuando estudiaba medicina en la Universidad de Chile, donde junto a Félix Huerta, Jorge Klein y Tati Allende, ingresó al partido socialista. Allí formó también parte del Ejército de Liberación Nacional, que apoyaba a la guerrilla del Ché en Bolivia, fundada por Arnoldo Camú, constituyendo una suerte de fracción al interior del partido socialista. Máximo no vaciló en dejar sus estudios de medicina en 1969, cuando sólo le faltaba hacer la práctica, porque él ya dedicaba toda su energía a apoyar el proceso de cambios que se dinamizaba en Chile, y trabajó como asesor de Allende desde que él asumió la presidencia.

Fue detenido el 11 de septiembre de 1973 al salir del Palacio de La Moneda, formando parte del último grupo de personas que se encontraban en la sede de Gobierno. Junto a 20 de los prisioneros, fueron conducidos desde el Regimiento Tacna al fuerte Arteaga en Peldehue, y fusilados uno a uno frente a un pozo seco de 10 metros de profundidad, que luego sería dinamitado. La supervisión de los fusilamientos fue realizada por el mayor (R) Pedro Espinoza Bravo, quien después integró la Caravana de la Muerte y la Dina, y el teniente Julio Vandorsee Cerda. El entonces subteniente del Tacna, Jorge Iván Herrera López manejó la ametralladora. Por los testimonios de los fusileros entregados a la mesa de diálogo, se sabe que todos al ser fusilados conservaron una dignidad que impresionó a sus ejecutores. En 1978, se produjo la llamada “Operación Retiro de Televisores”, que consistió en el desentierro de los cuerpos para luego ser lanzados al mar a bordo de un helicóptero del Ejército. La orden la impartió Augusto Pinochet. Jorge Iván Herrera, el general (R) Herman Brady, entonces comandante de la Guarnición Militar de Santiago, y un grupo de suboficiales ya retirados que formaron parte del equipo que desenterró los cuerpos, están entre los procesados por estos hechos en la causa que instruye el juez Juan Belmar Fuentes.

Frente al memorial, Máximo Pincheira Sepúlveda, hijo póstumo de Máximo y nieto de Adonis Sepúlveda, subsecretario del Partido Socialista, ya fallecido, relató su vivencia del día en que por orden judicial, se reconstruyó el fusilamiento:

“El día 13 de septiembre de 2010, a las 11de la mañana, fuimos a la fosa donde estuvieron enterrados bajo tierra alrededor de 20 personas que defendieron heroicamente el Palacio de La Moneda. Sin la suerte de nuestros mediáticos mineros, todos murieron ametrallados, dinamitados y posteriormente arrojados al mar. Pese a esta barbarie y al esfuerzo por hacerlos desaparecer, ellos resurgen de la tierra, dando testimonio de los actos cobardes de la dictadura.

Paradójicamente, el paisaje era muy bello. Pese a lo escalofriante de la fosa de tierra roja, seguramente abierta por las investigaciones que se realizaron, el día estaba muy despejado, el pasto tenía un verde luminoso que no se me borra de la cabeza, los pájaros cantaban ajenos a lo que nos sucedía y desde el lugar era posible ver la columna vertebral de la cordillera. Hacían 37 años exactos, el mismo día, la misma hora y con un día muy soleado, miraron por última vez la cordillera y ese intenso color verde de primavera.

Traté de retener todo a mi alrededor. Me concentré en los olores, los colores, los sonidos, las montañas, los objetos, tratando de compartir con mi padre aquel momento y me quedé tranquilo.

Todos murieron con mucha entereza, los veo claramente parados mirando la cordillera, con la cabeza erguida y gritando ideales hoy olvidados; los veo mirando fijamente a los ojos de sus ejecutores, que no pueden olvidar esta intensidad y que aun hoy hace que se revuelquen sin poder dormir.

Lo que me tranquiliza, escuchen bien, es que no me siento una víctima. Me siento hijo de un héroe”.

Máximo Pincheira es artista multimedia. Ha expuesto complejas y llamativas instalaciones en espacios como la Décima Bienal de La Habana (2009), en el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile (“Utopías de Bolsillo”, 2006), o la Bienal de Shanghai y participado en numerosas exposiciones colectivas en Chile y el mundo. Sus obras desafían la modernidad e interpelan los objetos de consumo y la globalización, con alusiones al pasado reciente apoyadas en nuestra geografía y en su propio dolor.